Trenes Regionales
Redacción Crónica Ferroviaria
Por un lado, postales inolvidables de las sierras cordobesas y coches repletos de pasajeros. Por el otro, el abandono institucional, la falta de repuestos y vías que piden auxilio a gritos. La realidad de un servicio que está más vigente que nunca, a pesar de todo.
El recorrido es, sin dudas, uno de los más pintorescos del país. Los paisajes serranos están a la orden del día y se cuelan por las ventanillas, regalando postales únicas a quienes eligen este medio de transporte. Pero el Tren de las Sierras no es solo un paseo turístico; es una arteria vital para los vecinos. En las estaciones intermedias, el recambio de gente es constante. Suben y bajan pasajeros a tal punto que, en los días de mayor demanda, es moneda corriente viajar parados porque, literalmente, no hay lugar para un alfiler. Quienes afirman que "no viaja nadie" evidentemente hace mucho tiempo que no se suben a uno de estos coches motores Alerce. El servicio está más vigente que nunca.
No obstante, este fervor popular contrasta dramáticamente con la desidia de las autoridades. La contracara del éxito de convocatoria es el estado en el que operan los equipos.
Actualmente, los servicios se prestan con los coches motores Alerce. Si bien es justo destacar que las formaciones se encuentran limpias gracias al esfuerzo del personal, el descuido en su exterior e interior es innegable. La falta de mantenimiento por parte de las autoridades de Trenes Argentinos Operaciones salta a la vista. El panorama en los talleres es preocupante: hay varias duplas que se encuentran completamente paradas, canibalizadas o a la espera de repuestos que no llegan. Hoy por hoy, solamente funcionan aquellas unidades que cumplen con los dos tramos operativos habilitados: el trayecto entre la estación Córdoba (Mitre) y Cosquín, y la extensión desde Cosquín hasta Capilla del Monte.
Para aquellos detractores de los trenes de pasajeros, el equipo de Crónica Ferroviaria viajó para realizar esta nota y comprobar de primera mano el estado del servicio. Nuestra experiencia no pudo ser más reveladora.
Decidimos bajarnos en la estación Cosquín y realizar el trayecto de vuelta hacia la capital cordobesa en ómnibus, utilizando una de las dos empresas que hacen ese recorrido. La comparación fue lapidaria: en el colectivo viajamos literalmente como ganado y el pasaje nos costó $9.000,00 por persona.
Eso no es simplemente transportar gente de un punto a otro. Eso se llama estar al servicio del pasajero.
El Tren de las Sierras es una contradicción sobre rieles. Es el éxito rotundo de un medio de transporte económico, ecológico y necesario, sostenido por un personal excepcional y por miles de usuarios que lo llenan hasta el tope. Pero al mismo tiempo, es el reflejo del abandono estatal. La gente y los trabajadores ya dieron su veredicto; ahora falta que las autoridades estén a la altura, mantengan los trenes y arreglen las vías. Porque si algo queda claro entre las sierras, es que el tren no viaja vacío y, sobre todo, que es indispensable.
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