12 de enero de 2011

"EN EL FONDO, ME SIENTO UN FERROVIARIO FRUSTRADO"

José Porta es un ícono del empresariado cordobés, pero añora los tiempos en que el tren transportaba millones de toneladas de granos

José Porta dice que su relación con la destilería que fundaran sus ancestros (inmigrantes italianos oriundos de la Lombardía), en 1882, data del 30 de abril de 1926. Esa es la fecha de su nacimiento en la casona de Alvear 632, lindante con la primera fábrica de licores del interior del país que funcionó hasta hace dos décadas en la esquina de esa calle y Oncativo, en pleno centro de la ciudad de Córdoba.

Ingresó como socio a la empresa cuando estaba cursando el secundario en el Colegio Monserrat. De esa época añora la efervescencia política y social reinante que lo llevaron a afiliarse a la UCR el mismo día que cumplió 18 años. Recuerda la huelga que promovieron los estudiantes en 1943 para protestar contra el golpe militar que derrocó al presidente Ramón Castillo y contra el despido de profesores que no comulgaban con el gobierno de facto. Estanislao Karlic, José “Togo” Díaz y Ernesto Garzón Valdés, entre otros, fueron compañeros de curso y de lucha. Ellos, como él, alcanzarían luego gran notoriedad y reconocimiento por sus aportes al desarrollo, a la cultura y al pensamiento de Córdoba.

En 1953 se graduó de ingeniero mecánico y electricista en la UNC y asumió inmediatamente como directivo de la empresa familiar. Durante 33 años, se desempeñó como profesor en la Escuela de Administración de Empresas de la UCC y participó en las instancias fundacionales del Centro Comercial e Industrial y de la Unión Industrial de Córdoba.

José Porta. Dice que con los anuncios actuales sobre los ferrocarriles se buscan “efectos políticos” (Sebastián Salguero/LaVoz).

Confesión que sorprende

“Le voy a confesar algo: soy un apasionado de lo que hago, pero, en el fondo, me siento un ferroviario frustrado”, dice sentado en una oficina sencilla de la planta industrial ubicada en el kilómetro 4,5 del camino a San Antonio. El único elemento decorativo que tiene la sala es uno de los baúles en el que sus padres trajeron bártulos cuando vinieron a la Argentina.

–¿Cómo es eso?

–Cuando era chico, mi padre tenía en la fábrica un mapa con toda la red ferroviaria. Era imprescindible para saber por dónde enviar los pedidos que le hacían los clientes. Me encantaba saber cuál era el recorrido que hacían los productos para llegar a Pehuajó, por ejemplo, o a Quemu Quemu (La Pampa).

–¿Cómo tomó el desmantelamiento de gran parte de la red ferroviaria en los ‘90?

–Sentí un profundo dolor. Esa decisión es una clara muestra del poco respeto que los argentinos tenemos por la memoria. La red ferroviaria llegó a tener 43 mil kilómetros, era la tercera o cuarta más extensa del mundo. El tren cumplió una extraordinaria e inigualable función colonizadora y muchos pueblos del interior profundo eran totalmente dependientes de él. El cierre de ramales significó un golpe de gracia para los pueblos, y tuvo un impacto económico y social tremendo.

–¿Está de acuerdo con la recuperación del tren?

–Lo veo bien como idea, pero me parece que lo que se está haciendo es recuperar algunos tramos buscando efectos políticos. El Gobierno Nacional debería hacer el mismo esfuerzo monumental que hizo para terminar la autopista Córdoba-Rosario y otras rutas, y reconstruir en siete o 10 años la dorsal del sistema y recuperarlo, no sólo para el transporte de cargas, sino para el turismo.

–El ferrocarril se desmanteló con el argumento de que era deficitario.

–Cuando al ferrocarril lo manejaron los ingleses y luego asumió como administrador nacional el ingeniero Pablo Nogués, era extraordinariamente rentable. Llegó a transportar 34 millones de toneladas de granos al año y millones de pasajeros a lo largo y ancho del país. Hoy no transporta ni 15 millones de toneladas.

–Se habló de construir un tren bala.

–Hay que ser realistas. Nosotros necesitamos trenes que anden a 80, 90 ó 120 kilómetros por hora y que presten servicios de manera constante. En España hay trenes dormitorio para recorrer durante dos o tres días la zona de Galicia y El País Vasco. Eso es estupendo.

–Es evidente que conoce mucho del tema y es un enamorado del ferrocarril.

–Es que en tren recorrí gran parte del país. Primero, acompañando a mi padre en los negocios; y después, sólo o con amigos. Además, trabajé en Materfer de 1984 a 1990. Es un trabajo que hice con muchísimo gusto. Como le dije, me siento en el fondo un ferroviario frustrado.(Fuente y foto: La Voz)

2 comentarios:

  1. Muy buen aporte, en este caso es un empresario, eso para los que se la pasan diciendo que el ferrocarril es cosa de "románticos".
    Con ese pensamiento hay románticos en Europa, Norteamérica, el sudeste asiático, Medio Oriente, Oceanía, etc; menos en Sudamérica.

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  2. que alegria leer estas palabras, sí no me equivoco su empresa posee una marca lider en el segmento de bebidas (fernet).
    Pocos empresarios se manifiestan con cordura en este tema!!!
    Claudio Esteban García
    Río Ceballos

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