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24 de junio de 2026

No voy en tren

Actualidad

El servicio público de la línea Sarmiento acumula tarifazos del 91% y viajes en condiciones de hacinamiento. Los empleados temen hablar y las boleterías cierran sin aviso.

Según fuentes del extinto Ministerio de Transporte, la Línea Sarmiento mueve unos 290.000 pasajeros por día entre Once y Moreno. Para la mayoría de ellos, ese viaje es una combinación de incertidumbre, hacinamiento, tarifas cada vez más caras y hostilidad cotidiana. Lo que sigue es el retrato de un sistema que funciona como trampa.

Control y vigilancia

En la terminal de Plaza Miserere, que todos conocen como “Once”, la primera barrera es el silencio. Al consultar a los empleados ferroviarios sobre el estado del servicio, la respuesta fue el hermetismo: «No puedo por el tema de que estoy con la empresa… si no me van a meter en cana», admitió uno de ellos. La confesión da cuenta de un trabajador que teme hablar de la empresa en la que trabaja: esto revela la temperatura real del vínculo entre la gestión del servicio ferroviario y el personal. La empresa que administra el sistema ferroviario en Argentina es Trenes Argentinos Operaciones (SOFSE), dependiente de la Secretaría de Transporte de la Nación.

El silencio, sin embargo, no fue pasivo. Mientras este cronista realizaba entrevistas a los pasajeros en el andén, varios empleados se acercaron repetidamente a escuchar las preguntas. No intervenían en la labor periodística, pero sí vigilaban.

A esa opacidad institucional se suma un mecanismo concreto de exclusión: el cierre recurrente de las boleterías. Cuando las ventanillas están cerradas —y lo están con una frecuencia que ningún horario oficial logra predecir—, el sistema se convierte en una trampa para quienes no tienen saldo en la tarjeta SUBE y no encuentran dónde cargarla. Como el personal no habilita el paso ante la falla del sistema, el acceso al transporte deja de ser un derecho y pasa a ser un privilegio que se niega sin explicación, en medio de la urgencia de llegar a tiempo al trabajo.

Melisa Silva, indignada por la frecuencia de las interrupciones, sostuvo: «Todos los fines de semana tienen obra. ¡Y no hacen nada! Lo único que hacen es joder a la gente que va a laburar de verdad». Matías Luciano, otro usuario del transporte, le da una lectura política al caos que se vive en el Sarmiento: «Lo hacen a propósito para que los pobres no puedan ni trabajar ni disfrutar… son cómplices de Milei». Angy Segovia, empleada doméstica, plantea una duda que resuena en muchos pasajeros afectados por los cortes de fin de semana: “¿Por qué no hacen las obras en la noche, que es cuando los trenes no andan?”, cuestiona frente a la parálisis del servicio. Todos enojados con el servicio.

Recientemente el delegado de los trabajadores del Tren Sarmiento, Pablo Montenegro, explicaba a Radio Universidad UNSL: «Tenemos más de 400 trabajadores menos en la línea», y señalaba que «la falta de personal y la pérdida de empleados con experiencia afecta directamente la operación del ferrocarril». Además, Montenegro explicaba que «el ajuste también ha llegado al sistema ferroviario y que varios empleados han debido dejar su puesto por la situación salarial»

El 25 de noviembre 2024 Trenes Argentinos Infraestructura licitó dos obras importantes: la terminación de la Estación Ramos Mejía y la modernización del sistema de señalamiento del ramal Moreno–Mercedes. Las obras de la estación de Ramos Mejía siguen pausadas desde fines de 2024. Estos inconvenientes producen malestar entre los pasajeros: aumenta el precio del servicio, baja la circulación de los trenes y las obras no se realizan. También hay obras en la estación de Morón y frecuentemente hay descarrilamientos en la altura de la estación del barrio porteño de Liniers.

La bronca también se viraliza en redes sociales, en páginas como El tren Sarmiento, cuentas de Instagram como @viajocomoelculo, que también se utiliza como hashtag en X para contar las pequeñas historias cotidianas. Cuentas viejas y desactualizadas como viajecomoelorto.blogspot.com muestran que el fenómeno no es nuevo. Pese al cansancio y los retrasos la gente se toma el tiempo para descargar parte de su frustración y enojo.

En las horas pico, la hostilidad que ya existe en los andenes se traslada dentro de los vagones. León, pasajero frecuente, describe lo que ocurre entre las 17 y las 18: se viaja «apretadísimo», y esa superpoblación es el caldo de cultivo para los arrebatos. «No estás tranquilo porque algunos están metiendo la mano… hay que tener cuidado», dice. La saturación degrada la convivencia al punto en que pedir un poco de espacio puede escalar en pelea abierta: «Si vos le decís algo, ya se vuelven violentos. Te dicen: ‘¿Para qué lo tomás?'».

Un trabajador de Trenes Argentinos que prefirió no identificarse confirmó que la violencia es moneda corriente desde adentro del servicio también: «Siempre están de mal humor… te llevan puesto todo el tiempo, ni siquiera te piden perdón y encima se te enojan». Para Dante, un usuario que prefiere no dar su apellido, el Sarmiento ya dejó de ser una opción confiable: es una demora garantizada de al menos cinco minutos que, sumada al caos habitual, arruina cualquier jornada.

Aumentos que golpean el bolsillo

Viajar, para muchos usuarios del transporte público, se ha convertido en un golpe económico. Con una suba de tarifas acumulada del 91,39% entre mayo y septiembre de 2026, el impacto en el bolsillo no es marginal. León, jubilado, tiene descuento y aun así reconoce que el dinero «casi no alcanza nada» y lo obliga a vivir «al límite». La consecuencia lógica a este recrudecimiento económico ya está ocurriendo: muchos están abandonando el tren. Algunos se pasan a la moto pese a la suba del combustible; otros directamente a la bicicleta, para evitar un sistema que califican de caro y que, encima, no cumple.

El Sarmiento de 2026 es un termómetro social que muestra la tensión acumulada, la falta de previsibilidad y el conflicto diario, parte de un contexto de recesión económica, caída del poder adquisitivo de los trabajadores, despidos y deterioro de los servicios públicos. Ese termómetro ya marca una temperatura muy alta que reclama atención.ANccom.com UBASociales.com

21 de septiembre de 2022

Coches llenos, cancelaciones y menos servicios: La odisea de viajar en la Línea San Martín

Actualidad

Las demoras son moneda corriente. Los usuarios deben viajar hacinados. Desde el año pasado, a Pilar llegan diez trenes menos por día.

Mientras se realizan anuncios sobre la siempre postergada electrificación del ramal, el servicio de la línea San Martín sigue trayendo dolores de cabeza a los usuarios que cada día debe viajar en sus vagones.

En las últimas horas, la viralización de una fotografía que mostraba a un coche atiborrado de usuarios, con uno de ellos que incluso estaba tratando de ingresar por la ventanilla, con medio cuerpo afuera del tren. La imagen, replicada por El Diario, volvió a sacar a la luz la manera en la que miles de personas deben viajar por día en este medio de transporte.

La superpoblación en los vagones no logró controlarse ni siquiera en los peores momentos de la pandemia de Covid-19, cuando la distancia social era más que necesaria para cuidar la salud pero los trabajadores, estudiantes y demás usuarios de trenes debían viajar en las mismas condiciones de siempre.

Además, haciendo hincapié en el distrito, desde fines de 2021 un cambio en el servicio le “quitó” trenes a Pilar. Así, en noviembre se anunció que la Línea San Martín extendería su horario nocturno, concretando así un viejo anhelo de los usuarios. Además, la noticia incluía la suma de 31 nuevos servicios diarios de lunes a viernes, 16 más los sábados y otros tres los domingos.

Sin embargo, el anuncio -positivo en apariencia- incluía al observar la nueva grilla un perjuicio inesperado para los miles de usuarios del distrito: desde ese momento, cada día llegan a Pilar diez formaciones menos que antes. En Manzanares, ocho trenes salen desde la localidad con destino a Retiro y viceversa, cuando antes eran 19.

Malestar

En las redes de El Diario, Ezequiel opinó que “es la gente que lo usa en su gran mayoría, no es el tema de la línea ferroviaria. Los hacen pelota, no tienen más de 8 años esos trenes. Ni pagan el boleto”.

Por su parte, Ariel Gutiérrez coincidió en que “es cierto” lo del comportamiento de algunos pasajeros, “pero la línea sabe en las malas condiciones en las que se viaja, nada les cuesta poner más frecuencia en hora pico”. Y añadió: “Y eso de que no pagan boleto también es cierto, pero debería haber boleteros controlando y no lo hacen. Es lo que hay”.

Las quejas también se multiplican en foros como Usuarios de Tren San Martín: “Viajar así es muy feo. Si pagamos boleto, ¿por qué no ponen más trenes?”, se preguntó Tata Franco. “Un desastre viajar en ese tren todos los días. Por qué no ponen más trenes, horrible viajar así, un desastre tanta gente junta”, acotó Mónica.

A las complicaciones de cada día, el pasado miércoles se sumó una medida gremial dictada sin previo aviso a los usuarios, por lo que desde las primeras horas de la mañana se produjeron demoras (en algunos casos, de más de 60 minutos) en la salida de los trenes, junto a las cancelaciones de algunos viajes.

La protesta estaba relacionada con el pedido de mejoras en las locomotoras y la incorporación de nuevas unidades para poder circular, reclamo atendible que por su factor sorpresivo provocó el malestar de los pasajeros.PilaraDiario.com