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El servicio público de la línea Sarmiento acumula tarifazos del 91% y viajes en condiciones de hacinamiento. Los empleados temen hablar y las boleterías cierran sin aviso.
Según fuentes del extinto Ministerio de Transporte, la Línea Sarmiento mueve unos 290.000 pasajeros por día entre Once y Moreno. Para la mayoría de ellos, ese viaje es una combinación de incertidumbre, hacinamiento, tarifas cada vez más caras y hostilidad cotidiana. Lo que sigue es el retrato de un sistema que funciona como trampa.
Control y vigilancia
En la terminal de Plaza Miserere, que todos conocen como “Once”, la primera barrera es el silencio. Al consultar a los empleados ferroviarios sobre el estado del servicio, la respuesta fue el hermetismo: «No puedo por el tema de que estoy con la empresa… si no me van a meter en cana», admitió uno de ellos. La confesión da cuenta de un trabajador que teme hablar de la empresa en la que trabaja: esto revela la temperatura real del vínculo entre la gestión del servicio ferroviario y el personal. La empresa que administra el sistema ferroviario en Argentina es Trenes Argentinos Operaciones (SOFSE), dependiente de la Secretaría de Transporte de la Nación.
El silencio, sin embargo, no fue pasivo. Mientras este cronista realizaba entrevistas a los pasajeros en el andén, varios empleados se acercaron repetidamente a escuchar las preguntas. No intervenían en la labor periodística, pero sí vigilaban.
A esa opacidad institucional se suma un mecanismo concreto de exclusión: el cierre recurrente de las boleterías. Cuando las ventanillas están cerradas —y lo están con una frecuencia que ningún horario oficial logra predecir—, el sistema se convierte en una trampa para quienes no tienen saldo en la tarjeta SUBE y no encuentran dónde cargarla. Como el personal no habilita el paso ante la falla del sistema, el acceso al transporte deja de ser un derecho y pasa a ser un privilegio que se niega sin explicación, en medio de la urgencia de llegar a tiempo al trabajo.
Melisa Silva, indignada por la frecuencia de las interrupciones, sostuvo: «Todos los fines de semana tienen obra. ¡Y no hacen nada! Lo único que hacen es joder a la gente que va a laburar de verdad». Matías Luciano, otro usuario del transporte, le da una lectura política al caos que se vive en el Sarmiento: «Lo hacen a propósito para que los pobres no puedan ni trabajar ni disfrutar… son cómplices de Milei». Angy Segovia, empleada doméstica, plantea una duda que resuena en muchos pasajeros afectados por los cortes de fin de semana: “¿Por qué no hacen las obras en la noche, que es cuando los trenes no andan?”, cuestiona frente a la parálisis del servicio. Todos enojados con el servicio.
Recientemente el delegado de los trabajadores del Tren Sarmiento, Pablo Montenegro, explicaba a Radio Universidad UNSL: «Tenemos más de 400 trabajadores menos en la línea», y señalaba que «la falta de personal y la pérdida de empleados con experiencia afecta directamente la operación del ferrocarril». Además, Montenegro explicaba que «el ajuste también ha llegado al sistema ferroviario y que varios empleados han debido dejar su puesto por la situación salarial»
El 25 de noviembre 2024 Trenes Argentinos Infraestructura licitó dos obras importantes: la terminación de la Estación Ramos Mejía y la modernización del sistema de señalamiento del ramal Moreno–Mercedes. Las obras de la estación de Ramos Mejía siguen pausadas desde fines de 2024. Estos inconvenientes producen malestar entre los pasajeros: aumenta el precio del servicio, baja la circulación de los trenes y las obras no se realizan. También hay obras en la estación de Morón y frecuentemente hay descarrilamientos en la altura de la estación del barrio porteño de Liniers.
La bronca también se viraliza en redes sociales, en páginas como El tren Sarmiento, cuentas de Instagram como @viajocomoelculo, que también se utiliza como hashtag en X para contar las pequeñas historias cotidianas. Cuentas viejas y desactualizadas como viajecomoelorto.blogspot.com muestran que el fenómeno no es nuevo. Pese al cansancio y los retrasos la gente se toma el tiempo para descargar parte de su frustración y enojo.
En las horas pico, la hostilidad que ya existe en los andenes se traslada dentro de los vagones. León, pasajero frecuente, describe lo que ocurre entre las 17 y las 18: se viaja «apretadísimo», y esa superpoblación es el caldo de cultivo para los arrebatos. «No estás tranquilo porque algunos están metiendo la mano… hay que tener cuidado», dice. La saturación degrada la convivencia al punto en que pedir un poco de espacio puede escalar en pelea abierta: «Si vos le decís algo, ya se vuelven violentos. Te dicen: ‘¿Para qué lo tomás?'».
Un trabajador de Trenes Argentinos que prefirió no identificarse confirmó que la violencia es moneda corriente desde adentro del servicio también: «Siempre están de mal humor… te llevan puesto todo el tiempo, ni siquiera te piden perdón y encima se te enojan». Para Dante, un usuario que prefiere no dar su apellido, el Sarmiento ya dejó de ser una opción confiable: es una demora garantizada de al menos cinco minutos que, sumada al caos habitual, arruina cualquier jornada.
Aumentos que golpean el bolsillo
Viajar, para muchos usuarios del transporte público, se ha convertido en un golpe económico. Con una suba de tarifas acumulada del 91,39% entre mayo y septiembre de 2026, el impacto en el bolsillo no es marginal. León, jubilado, tiene descuento y aun así reconoce que el dinero «casi no alcanza nada» y lo obliga a vivir «al límite». La consecuencia lógica a este recrudecimiento económico ya está ocurriendo: muchos están abandonando el tren. Algunos se pasan a la moto pese a la suba del combustible; otros directamente a la bicicleta, para evitar un sistema que califican de caro y que, encima, no cumple.
El Sarmiento de 2026 es un termómetro social que muestra la tensión acumulada, la falta de previsibilidad y el conflicto diario, parte de un contexto de recesión económica, caída del poder adquisitivo de los trabajadores, despidos y deterioro de los servicios públicos. Ese termómetro ya marca una temperatura muy alta que reclama atención.ANccom.com UBASociales.com
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