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24 de septiembre de 2026

Santa Cruz: Justo Héctor González, de 77 años, y un recuerdo que marcó a un pequeño pueblo: “Yo vi pasar el último tren, estaba en la estación”

Historias Ferroviarias

Vecino de Jaramillo, Santa Cruz, reconstruyó la época en que el ferrocarril movía miles de ovejas hacia Puerto Deseado

Anteayer, con el regreso de una locomotora a Jaramillo, después de casi 50 años, hubo autoridades y promesas de reactivación productiva, pero también vecinos, de los pocos que todavía recuerdan el sonido del tren que entonces era a vapor: entre ellos estaba Justo Héctor González. Tiene 77 años, nació y vivió toda su vida en Jaramillo, y fue testigo directo de la última vez que el tren pasó por el pueblo, en 1978.

“Yo vi pasar el último tren, estaba en la estación. El jefe de la estación Héctor Grant fue quien tocó la última campana”, recuerda González en diálogo telefónico con LA NACION. Él creció literalmente frente a las vías: sus padres tenían el Hotel Argentino frente a la estación que era entonces el corazón del pueblo y él mismo pasó su infancia y juventud allí donde conoció todo el movimiento del tren.

Jaramillo es un pueblo de poco menos de 500 habitantes, ubicado sobre la ruta provincial 281, a apenas 3 kilómetros al este de su empalme con la ruta nacional 3. Fue el pueblo elegido como epicentro para el proyecto de recuperación del ramal Puerto Deseado–Las Heras encarado por el gobierno provincial, a casi 50 años de su cierre.

El plan es ambicioso: aspira a recuperar infraestructura, impulsar el turismo y reactivar la producción en el norte de la provincia a través de más de 280 kilómetros de vía férrea abandonados; incluye una etapa turística y otra productiva.

Cuando el tren pasó por última vez en 1978, la despedida quedó grabada en la memoria de González: “Héctor era el último jefe de estación que hubo, y fue él quien despidió el tren que pasaba. Tocó la campana y me miró y me dijo: ‘Se nos fue el tren’”. Grant era su amigo. Tras el cierre pidió el pase a Puerto Deseado y finalmente al Maitén en Chubut, un traslado que resume, casi como una postal, el cierre de una etapa para la región.

Estación Puerto Deseado (Provincia de Santa Cruz)

Antes de esa despedida, el ferrocarril había sido, durante décadas, la columna vertebral de la economía lanera del norte santacruceño. El ramal, que unía Puerto Deseado con Las Heras a lo largo de 283 kilómetros, funcionó entre 1911 y 1978 y fue clave para el traslado de mercaderías desde Puerto Deseado a todos los parajes del ramal que se extendía por 283 kilómetros de vías. También para el traslado de la producción de los establecimientos ganaderos de la zona.

De esta última fue la que González vivió de cerca en su infancia y parte de su juventud. “El tren trabajaba mucho con la lana; llegaban los arreos de ovejas de los campos de la zona, que eran de 1200, 1500 animales, y se los embarcaba en jaula hasta Puerto Deseado”, indicó. Recordó que existía el frigorífico de la Corporación Argentina de Productores (CAP) en Puerto Deseado, que tenía la particular característica de ser un establecimiento zafrero, es decir, que solo desarrollaba sus actividades en el verano, con la producción ovina. El ganado llegaba y luego se faenaba en un frigorífico. El sistema, sin embargo, empezó a resentirse con el tiempo y con la llegada de las rutas a los campos ya se dejó de trasladar las ovejas en tren.

El tren no solo cargaba lana y ganado. También tuvo un capítulo vinculado a la actividad petrolera de la zona. “El tren también empezó a trabajar en los años 60 trasladando los caños petroleros, para perforación, desde Deseado a Pico Truncado y Las Heras, fue un furor, un movimiento terrible”, contó González, quien también evocó: “Cuando yo era más chico, se traía plomo molido desde Chile Chico, Chile, en camiones hasta Las Heras, y desde allí se embarcaba a Deseado”.

El testimonio de González confirma lo que documentan las fuentes históricas del ramal: el ferrocarril fue clave no solo para la producción, sino para la vida cotidiana de localidades como Jaramillo, Fitz Roy, Tellier, Pico Truncado, Koluel Kaike y Las Heras, que nacieron o crecieron al calor de la actividad ferroviaria, con acceso al correo, la atención médica y la educación en una región entonces prácticamente incomunicada.

Con el correr de los años, sin embargo, la actividad ganadera también decayó. “Tras la caída de cenizas del volcán Hudson (1991) las estancias chicas fueron cerrando”, precisó. Pero la región no quedó despoblada: “Ahora se está reactivando sobre la costa del río Deseado”.

En la exestación de trenes de Jaramillo, una de las mejores conservadas del ramal, la comuna promovió un Museo de Sitio “Facón Grande” donde reconstruyen los acontecimientos de las huelgas rurales de 1921 en Santa Cruz y el fusilamiento de José Font, conocido como Facón Grande, que se dio a poca distancia del lugar.

La vida de González quedó, de hecho, entrelazada con la estación y con los servicios que crecieron a su alrededor. Se empleó en la usina de Servicios Públicos, donde se jubiló. Su vida quedó siempre ligada al pueblo que vio nacer y despedir al tren y, como pocos, anteayer vivió con emoción la llegada de una locomotora diésel-eléctrica que el gobierno provincial trasladó desde Córdoba, en el marco del proyecto de recuperación del ramal.

“Va a costar mucho trabajo, fueron muchos años de abandono, 50 años de abandono en los rieles. Pero acá ya hay un tramo hecho entre Jaramillo y Fitz Roy”, se esperanzó González. Mientras el proyecto es incipiente, testigos como González sostienen viva la otra historia del ramal: la de un tren que durante años fue mucho más que un medio de transporte, era el pulso que garantizaba vida en el lugar. Por: Mariela Arias para DiarioLaNación.com

16 de diciembre de 2024

Hace 56 años, cruzaba el último tren a estación Necochea

Historia Ferroviaria

Se decretaba la clausura definitiva de la estación Necochea, aduciendo razones de orden técnico y seguridad del puente ferroviario

El último tren cruzó el río el 16 de diciembre de 1968, durante el gobierno de Onganía, Así se decretó la clausura definitiva de la estación Necochea, aduciendo razones de orden técnico y seguridad del puente ferroviario.

Estación Necochea de la Línea Roca

Desde entonces los trenes comenzaron a tener a Quequén como terminal.

En agosto de 1973 se construyó, sobre el ramal a Puerto Quequén, un apeadero para acercar a los pasajeros un poco más al centro de Necochea.

Pero la gran inundación de 1980 destruyó el puente Ezcurra, que unía la zona portuaria de Necochea y Quequén, con lo que el apeadero dejó de ser una ventaja. De yapa, se llevó al puente ferroviario, por si quedaban dudas de que el tren no volvería a cruzar el río.Por: Majo Hegui para TSNNecochea.com

6 de julio de 2022

Un 6 de Julio gris, pero de hace 45 años, partió el último tren de la Estación La Plata del Ferrocarril Provincial

Historia Ferroviaria

En plena dictadura militar la noticia se anunció en una pizarra y fue un baldazo de agua helada. Luego se produjo el resurgimiento.

Un 6 de julio como este miércoles, pero de 1977, se cerraba uno de los capítulos más preciosos de nuestra ciudad, con una noticia triste que en aquel momento fue un baldazo de agua helada para toda la zona de Meridiano V: ese día iba a partir por última vez el tren en la Estación Provincial de 17 y 71.

"Aquel triste día de lluvia mediante una pizarra se informó que el último tren iba a pasar el 5 de julio, y el 6, sería su cierre definitivo. Aquella noticia sentenció al olvido a lugares que hoy son 'pueblos fantasmas', y transformó para siempre a la Estación Provincial y el Barrio Meridiano V°", recordaron desde el Centro Cultural del barrio.

Aquel 6 de julio los militares dieron el tiro de gracia a este histórico tren con el cierre del ramal La Plata - Avellaneda. Pero lo positivo de esa acción fue que justamente en ese instante algo mágico ocurrió: ahí se puso la semilla de todo lo que pasaría después hasta llegar a nuestros días, con una esquina que es polo cultural de primer nivel en la capital bonaerense y que reúne una mezcla de nostalgia, identidad y mística inigualable.

En plena dictadura militar, Meridiano V mutó a una película en blanco y negro, muda y con un final irremediable. Eran tiempos en los que no existía la avenida 72 como la conocemos ahora, y todo ese enorme terreno que brilló en la década del cuarenta y cincuenta se convirtió en un pastizal descuidado tomado por la basura y las ratas. Pero las cenizas se reavivaron una década después.

Antes de 1977, la estación había sufrido otro cachetazo. Es que tras varios años vigorosos con el paso del tren que marcaba la pujanza del barrio, el 28 de octubre de 1961 se produjo la clausura de la línea entre Etcheverry y Mira Pampa y Carlos Beguerie hasta Azul y Olavarría, con sus respectivos ramales. "Me acuerdo como si fuera hoy: el jefe de tráfico era José Suárez, un señor, que vino de golpe con la cara transformada y con la resolución de la clausura en la mano. Todo el personal administrativo estábamos ahí y fue terrible; cuando yo llegué a casa y le conté a mi viejo, no lo podía creer", le contó a 0221.com.ar Beatriz Belo, una de las primeras mujeres en trabajar en el mundo ferroviario y pieza fundamental en la reconstrucción de esta historia en 17 y 71.

Después del cierre definitivo, varios vecinos comenzaron a juntarse para que el imponente lugar no quedara abandonado. "Ni nos imaginábamos todo lo que iba a pasar después y cómo está ahora, es una locura", le dijo también a este portal Abel Gutiérrez, otro de los artífices del Centro Cultural. Corría 1987 cuando un reducido grupo de vecinos se juntó por primera vez en la Escuela 58. Entre los que dijeron presente estaba Abel. Ahí fundaron la Asociación Vecinal Estación Provincial (AVEP), y ese fue el inicio de un derrotero que también tuvo idas y vueltas, buenas y malas, para no ser menos que el tren.

"Mi vieja, que es la primera que arranca con las asociaciones vecinales acá, sufría mucho al ver el ferrocarril vacío y todo ese desguace", agregó Martín Díaz, dueño de la pizzería Loco Ponte e hijo de ferroviarios. Su mamá fue Lidia Sampallo, la primera presidenta de aquella organización que fue el puntapié inicial de una aventura que hoy cumple más de tres décadas.

Hoy, el recuerdo vuelve a florecer con aquel 6 de julio de 1977, que pese a ser un capítulo negro en esta historia, a la vez fue el despertar de un barrio que no olvida sus orígenes ni su tradición, y que convirtió a base de mucho trabajo y un enorme sentido de pertenencia, un lugar de encuentro para toda la ciudad, que lo celebra semana tras semana.0221.com.ar