jueves, 5 de diciembre de 2019

Un aporte al Plan Argentina contra el Hambre

Nota de Opinión

Por: Rafael Casale (para CRÓNICA FERROVIARIA)

En las últimas semanas, con la elección del nuevo Presidente, se comenzó a hablar del "Plan Argentina contra el Hambre". El mismo surgió primero como un enunciado y a medida que transcurrieron los días, fue tomando forma con el aporte de distintas personalidades del ámbito político, empresario y del espectáculo.

Este impulso debiera servir, no para instalar un plan asistencialista más, de esos muchos que han surgido y desaparecido y que en su fracaso sólo dejaron gente más pobre y algunos políticos y “punteros” millonarios.

"Argentina contra el Hambre" debería convertirse en una política de Estado, que impulse un plan que además de atender la urgencia del hambre, permita comenzar a resolver desde la raíz, este grave problema, dándole a las personas que se han caído del sistema (o que nunca han podido estar), las herramientas necesarias para poder desarrollarse e incorporarse a la economía formal, aprendiendo oficios y generando emprendimientos sustentables que corten esa dependencia absoluta de la asistencia del Estado y que en un futuro próximo les permitan aportar impuestos, aliviando la carga del resto de los ciudadanos.


El plan "Argentina contra el Hambre" puede utilizarse para generar una política territorial, que permita repoblar el territorio nacional, sacando a las personas del hacinamiento no planificado que hoy constituyen el conurbano bonaerense y el de las principales ciudades. Argentina tiene una oportunidad histórica de volver a poblar los miles de pueblos abandonados por la primarización de la economía y la desaparición del ferrocarril en la década del 90, generando aldeas inteligentes.

Con la recuperación de éste medio de transporte, los argentinos debiéramos volver a esos pueblos, donde el Estado puede estar presente a través de oficinas públicas en las estaciones del ferrocarril, intercomunicadas a través de una gran red de fibra óptica tendida en las zona de vías (volviendo a recrear la revolución que provocó la conjunción del telégrafo y el ferrocarril en sus orígenes).

La recuperación del trabajo digno, la educación de los niños y el control sanitario de la población podrían ser mejor atendidos.

Estas localidades de entre 1.000 a 2.000 habitantes, estarían equipadas con salas de salud para atención primaria, comunicadas con centros hospitalarios de referencia; escuelas equipadas con aulas virtuales; centros culturales y deportivos; cajeros automáticos; redes públicas alimentadas por energías renovables (solar, mini eólica, mini hidráulica); redes de agua potable y cloacas de tamaño fácilmente manejables; tratamiento de residuos con métodos modernos y ecológicos; redes de telecomunicaciones que permitan a los pobladores vender sus productos a través de plataformas tecnológicas, etc.

Para un rápido despliegue se podría apelar a la fabricación de viviendas industrializadas, dando también trabajo a cientos de empresas Pyme nacionales.

Emprendimientos adecuados a cada lugar geográfico (tambos, lechería, fábricas de queso, forestación, aserraderos, carpinterías, huertas, fábricas que procesen las frutas y hortalizas para conservas, talleres textiles, etc), aprovechando las múltiples opciones que nos brinda nuestro extenso territorio, darían el sustento económico. Organismos estatales de excelencia como las universidades nacionales, el INTI, el INTA, entre otros, pueden aportar los conocimientos para la implementación.

El Estado presente en cada pueblo, donde a través de una oficina única permita a los pobladores acceder a trámites diversos sin tener que trasladarse a grandes ciudades. La recreación de la cultura del trabajo y la educación en pequeños poblados donde todos se conocen, permitirá desarrollar la vida de las personas en armonía, alejándolas del delito y de la droga. Sin dudas mejorará la seguridad de todo el país.

Las vías rehabilitadas y por rehabilitar, para trenes de carga, deberían utilizarse también para hacer correr trenes de pasajeros y mixtos (pasajeros y carga liviana), como correo, bienes producidos por pequeños productores y artesanos de las economías regionales y furgones compuestos de duplas o triplas para conectar a los pobladores con las ciudades cabecera más cercanas. El ferrocarril uniendo las localidades a lo largo y a lo ancho del país, emulando las arterias de un cuerpo, transportando cargas y personas.

Implementar un plan de éste tipo solo traería ventajas para todo el país. Crearía empleo de calidad de forma inmediata a través de la construcción de infraestructura urbana y viviendas. Permitiría la planificación territorial, el saneamiento y la reconstrucción ambiental de amplias zonas actualmente degradadas en los cordones urbanos de las principales ciudades del país. Mejoraría el desarrollo humano y la salud pública. Permitiría mejorar la seguridad de los habitantes y el aprovechamiento de los distintos recursos naturales con los que contamos y potenciaría las economías regionales.

Este plan puede ser puesto en marcha rápidamente y de manera efectiva, utilizando con inteligencia los recursos del Estado, creando sinergia entre los distintos organismos para potenciarlos. Sin dudas el resultado será una Argentina más federal y más justa para todos, tanto para los que no pueden acceder a la comida como para los que sostienen el sistema pagando impuestos. Volver a poner millones de pesos en los barrios precarios actuales, solo logrará asegurar una vez más el fracaso.