NOTA DE OPINIÓN
Por: Norberto Rosendo (Para Crónica Ferroviaria)
Hace más o
menos 10 días la formación nro. 1 del Sarmiento, también conocida como “la
experimental”, la cual no es más que un Toshiba que por razones presupuestarias
se le cambiaron los sistemas electromecánicos de control por sistemas en base a
PLC (computadoras de tablero), decidió plantarse y dejar de frenar a la entrada
a Once.
Como es
habitual en ese punto el tren venia a unos buenos 40 Km/hora con unos 800
pasajeros a bordo, más o menos la velocidad del tren del accidente, pero en
este caso con dos coches de doble piso.
En la
desesperación del momento el motorman y el guarda destruyeron el controlet y
con ello la computadora, y con eso lograron que el tren frenara antes de los
paragolpes.
Hoy la
formación 1 se encuentra detenida en espera de mejores tiempos.
Absolutamente
todo el Sarmiento está igual, y probablemente el Mitre en su conjunto se
encuentre en idéntica condiciones.
Hace ya seis
meses de la tragedia y en el Sarmiento nada a cambiado.
Prácticamente
no se cobra boleto, los vehículos se encuentran absolutamente destruidos
después de más de un millón de kilómetros sin pasar por el taller.
Las sucesivas
reformas y contrarreformas, Toshibas, Puma I Puma II etc realizadas por Emerfer
(es decir el grupo Cirigliano), han hecho perder absolutamente la
estandarización de los equipos, no hay repuestos ni planos para comprarlos.
El gobierno
simplemente le puso el cuchillo en la garganta a Metrovias y a Ferrovias para
que se hagan cargo de la línea y ahora anuncia un plan de rescate de 800
millones de pesos para señalamiento, vías y vehículos.
No queda
claro qué es lo que va ha hacerse con ese dinero, pero la presencia de
Metrovias y de Ferrovias es por lo menos inquietante, ya que son empresas cuyos
sobrecostos son bien conocidos.
Pero más
preocupante aun, es el hecho que se hable que se seguirá con el plan de la
fabricación de los doble piso en Emerfer que no es más que una empresa del
grupo Cirigliano y el responsable que las líneas del Mitre y el Sarmiento se
encuentren en el estado que se encuentran.
Hoy el
Sarmiento agoniza, no hay lugar ni para negocios ni para malas decisiones, sin
embargo vemos que las viejas formulas probadamente ineficaces y caras siguen
aplicándose.
Ni Metrovias
(Benito Roggio) ni Ferrovias (Romero) han querido hacerse cargo del asunto,
pero el gobierno los obligó. Tanto uno como el otro saben que un nuevo
accidente en el Sarmiento les hará perder absolutamente todo, y la apuesta no
les cierra de ningún modo, como así también al gobierno que es el tercero en
discordia en este desavenido matrimonio.
No hay lugar
ni para la improvisación ni para el negocio, todo pende de un hilo, de todo
corazón le deseamos a Randazzo que su propuesta sea todo un éxito, pero las
acciones encaradas a la fecha se nos muestran como muy preocupantes.
Si hoy nos
preguntaran que queremos para el Sarmiento, le diríamos: “que los trenes frenen
y que cierren las puertas, nada más, y nada menos”











