Notas de Opinión
Gustavo Daniel Otero (*) para Crónica Ferroviaria
Hay una realidad incómoda que debemos discutir:
No alcanza con tener procedimientos, normas, tecnología y profesionales de Seguridad Operacional si la sociedad y las organizaciones normalizan conductas que ponen al ferrocarril en riesgo.
* Pasos a nivel invadidos.
* Cruces indebidos.
* Objetos arrojados a las vías.
* Vandalismo.
* Ingreso a zonas restringidas.
* Conductas empresariales que priorizan la operación por encima de la gestión del riesgo.
El problema no es solamente técnico. Es cultural.
Y cuando una conducta insegura se repite durante años sin consecuencias, deja de percibirse como una excepción y comienza a formar parte de la “normalidad”.
Por eso, gestionar Seguridad Operacional no debería significar solamente evitar accidentes.
Debe significar gestionar comportamientos, anticipar escenarios, identificar condiciones latentes y construir una cultura donde la seguridad sea una responsabilidad compartida.
° La empresa debe asumir su responsabilidad.
° El Estado debe controlar.
° Los trabajadores deben participar.
Y la ciudadanía debe comprender que el ferrocarril no es un obstáculo: es un sistema de transporte que requiere conductas seguras.
La tecnología puede detectar una intrusión.
Una cámara puede advertir un riesgo.
Un sistema inteligente puede generar una alarma. Pero ninguna tecnología puede reemplazar una cultura de seguridad.
La verdadera Seguridad Operacional comienza cuando dejamos de preguntarnos:
“¿Quién tuvo la culpa?”. Y empezamos a preguntarnos:
“¿Qué condiciones permitieron que esto ocurriera y qué debemos cambiar para que no vuelva a suceder?”
Porque gestionar seguridad en una cultura que destruye el ferrocarril, exige algo más que controles:
Exige transformar la cultura.
(*) Coordinador de Seguridad Operacional Ferroviaria | SMS | Gestión de Riesgos | Consultor Independiente | UTN
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