Nota de Opinión
Por: Camila Schedán (para Enterate.com)
Desde septiembre de 2025, el servicio que une Tucumán con Buenos Aires está interrumpido. Mientras la versión oficial alega "arreglos técnicos", el gremio La Fraternidad denuncia un "lock-out patronal".
Hay un silencio que incomoda en la Estación Tucumán de la Línea Mitre, la quietud pesada del abandono. Desde septiembre de 2025, el tren de pasajeros que une nuestra provincia con Buenos Aires dejó de llegar. Lo que se anunció como una pausa técnica, amenaza con convertirse en un cierre definitivo.
La versión oficial es aséptica: "arreglos técnicos" necesarios tras un descarrilamiento. Sin embargo, detrás de los comunicados, el gremio La Fraternidad denuncia otra realidad. Para los trabajadores, la supuesta reparación es una excusa para encubrir un "lock-out patronal": una decisión deliberada de la empresa y la gestión nacional para no reactivar el servicio.
El argumento gremial se sostiene en un dato que hace ruido, incluso para el ojo menos entrenado: si las vías estuvieran tan destruidas como aseguran los informes para cancelar el servicio de pasajeros, ningún tren debería circular. Sin embargo, los trenes de carga de la concesionaria privada NCA siguen pasando por esos mismos rieles todos los días.
No es que el tren no pueda llegar; es que decidieron que no llegue más.
El espejo de los 90
Es ante esta contradicción donde la crónica periodística debe dar paso a la memoria histórica. A esta película los tucumanos ya la vimos, y conocemos el final.
Es inevitable trazar el paralelismo con la década del 90. Aquella política de desguace estatal se ejecutó bajo la consigna "ramal que para, ramal que cierra", pero no empezó con cierres abruptos. Empezó exactamente así: con "suspensiones temporales" por falta de presupuesto o fallas técnicas que se volvieron eternas.
El modus operandi actual despierta todas las alarmas de quienes recordamos ese proceso. Lo que hoy se presenta como una "emergencia ferroviaria" o una "revisión técnica", tiene todos los rasgos de ser, en la práctica, una reedición de aquella política de desconexión federal. El riesgo no es solo perder un tren; es que el silencio de la Estación Mitre sea el prólogo de un nuevo desmantelamiento de la infraestructura y una crisis de empleo regional.
Tucumán, sin Plan B
El problema de fondo es que Tucumán no tiene margen para este recorte. Somos el nodo logístico que articula la salida de Salta, Jujuy y Santiago del Estero. Sin la opción ferroviaria, toda la presión recae sobre la Ruta 9, que ya funciona como un embudo colapsado y peligroso.
Para el pasajero de a pie, el impacto es directo al bolsillo: sin el tren, la única alternativa masiva y económica desaparece. Viajar a Buenos Aires pasa a costar hasta cinco veces más en micro o avión, aislando a gran parte de la población.
El mapa del ajuste
El temor a que esto sea un plan sistemático y no un hecho aislado se confirma al mirar el mapa nacional. Durante el periodo 2024-2025, se han suspendido o cancelado al menos 12 servicios ferroviarios. Tucumán es solo la última pieza de un dominó que viene cayendo:
* Línea Mitre: Retiro - Tucumán y Retiro - Córdoba (Suspendidos).
* Línea San Martín: Retiro - Palmira/San Luis (Suspendido).
* Línea Roca: Constitución - Bahía Blanca (Cierre definitivo).
* Línea Sarmiento: Once - Pehuajó (Cancelado).
Servicios Regionales: Se eliminaron conexiones vitales como el Expreso Rosario, el tren a Cañada de Gómez y el servicio interurbano Neuquén-Cipolletti.
Cuando la historia parece repetirse con tanta exactitud, interpretar el silencio de la Estación Mitre como una simple pausa técnica sería, cuanto menos, ingenuo.

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