Trenes Turísticos
En Esquel, una postal histórica está a punto de cambiar por necesidad y no por decisión estética. La locomotora que funciona como monumento en la intersección de Ameghino y Perón dejará de ser solo un símbolo inmóvil para convertirse en un recurso de emergencia. La gerencia de La Trochita resolvió retirarla y usar sus piezas para sostener el servicio cuando llegue el invierno.
La medida se toma en un contexto de desgaste acumulado y falta de recursos para renovar equipamiento clave. El Viejo Expreso Patagónico, uno de los emblemas turísticos más fuertes de Chubut, atraviesa una crisis de infraestructura que ya no se puede disimular. La escasez de locomotoras operativas y el estado de las calderas empujaron una decisión drástica: “canibalizar” la máquina histórica para darle continuidad a los viajes.
Miguel Sepúlveda, gerente del tren, explicó la urgencia en diálogo con FM DEL LAGO. “Estamos al límite, si no hacemos esto corremos el riesgo de quedarnos sin servicio en invierno”, advirtió. La frase deja claro que el problema ya no es técnico solamente: es también de calendario, porque el invierno marca la temporada más exigente y con más demanda.
Según detalló, el plan es traspasar la caldera del monumento a una unidad en servicio en Esquel. “Hace tiempo venimos proyectando que nos vamos a quedar sin máquinas. La caldera de la locomotora que está en el monumento está en buenas condiciones y necesitamos pasarla a la de Esquel para garantizar los viajes de junio, julio y el resto del invierno”, afirmó. En esa explicación aparece el motivo central: sostener la operación con lo que hay.
El traslado de la locomotora no es un trámite simple, ni barato, ni rápido. La máquina pesa 25 toneladas y requiere logística pesada para moverla, algo que hoy no está disponible en la zona o directamente está fuera de servicio. En ese punto, la crisis económica se mezcla con la crisis operativa: aun cuando se decide actuar, hacerlo cuesta millones.
Los números que maneja la gerencia muestran por qué se habla de una salida extrema. Se estima que solo el movimiento del carretón demandará 4 millones de pesos, mientras que el alquiler de una grúa tipo “pluma” ascendería a 8 millones. Frente a ese escenario, evalúan una alternativa todavía más cruda: “partir” la locomotora para trasladarla en dos viajes, aprovechando desniveles del terreno y reduciendo exigencias técnicas.
Detrás de la decisión hay también un dato que en Esquel se repite como verdad económica. Sepúlveda fue tajante al describir lo que significa el tren para la ciudad: “El que salva la temporada en Esquel es La Trochita”. No lo dijo como consigna turística, sino como una cuenta directa: el tren sale con hasta 180 pasajeros y recauda entre 8 y 10 millones de pesos por viaje, cifras que sostienen parte del movimiento comercial en meses clave.
Sin embargo, el gerente también marcó que el turismo ya no llega como antes. “Bajó mucho la afluencia. La gente de Comodoro Rivadavia, por ejemplo, dejó de venir por el estado de las rutas. Hoy tenemos mucho residente provincial y nacional, pero poco público local”, analizó. Ese cambio de perfil suma presión sobre una estructura que depende de sostener ventas y funcionamiento sin margen para paradas prolongadas.
La crisis técnica, según explicó, se viene acumulando por desinversión y por costos que se volvieron imposibles de afrontar. Fabricar una caldera nueva, con certificación por diez años, costaba hace dos años unos 200 millones de pesos, pero hoy ese número quedó viejo por la inflación. La falta de fondos para comprar calderas nuevas dejó a la gerencia encerrada en una salida de supervivencia.
A los costos de recambio se suman los gastos cotidianos de operar. Cada viaje consume alrededor de 900.000 pesos solo en gasoil, sin contar lubricantes, mantenimiento y frenos, un punto que además se volvió más exigente por requerimientos recientes de la CNRT. En paralelo, está la estructura de personal: 39 empleados en Esquel, más trabajadores en El Maitén y Rawson, una carga fija que no se puede recortar sin afectar el servicio.
Sepúlveda describió el escenario con una escena que pinta el desgaste humano y técnico del día a día. “Este año se nos rompió la única locomotora que teníamos y los chicos trabajaron hasta las 4 de la mañana para arreglarla. No podemos seguir así, cuidando lo poco que tenemos”, sostuvo. Y sumó una advertencia con fecha en el horizonte: “Si no proyectamos a futuro, en octubre nos quedamos con una sola máquina y el riesgo de rotura es total”.
Como medida inmediata, la gerencia decidió cancelar salidas adicionales por la tarde para preservar la mecánica. La prioridad pasó a ser el mantenimiento preventivo y no exprimir al máximo lo que queda en pie. En ese contexto, desarmar la locomotora del monumento no aparece como un gesto simbólico, sino como un intento desesperado por mantener vivo al tren cuando más se lo necesita.
El movimiento dejará una imagen fuerte: sacrificar un ícono visible de la ciudad para que el Expreso siga rodando sobre las vías. La Trochita, que suele representar historia y turismo, ahora muestra su costado más crudo: el de una infraestructura al límite, sostenida con ingenio, esfuerzo y piezas prestadas de su propio pasado.#La17.com
