3 de febrero de 2026

Línea Sarmiento: ¿La barrera estaba baja? El siniestro con el tren reabre el debate por educación vial en Mercedes

Accidentes Paso a Nivel

Los testimonios refuerzan la hipótesis de que las barreras estaban bajas y funcionando. Si eso se confirma, el foco se corre de la infraestructura ferroviaria a la conducta al volante, pero también deja en evidencia una deuda local: educación vial sostenida, controles visibles y mejor señalización urbana en los accesos a los pasos a nivel.

En las últimas horas, vecinos que circulan habitualmente por el cruce ferroviario de la Avenida 1 de Mercedes aportaron un dato que, de confirmarse oficialmente, cambia el sentido de la discusión: las barreras estarían operativas y habrían estado bajas al momento del impacto. Más allá del hecho puntual, lo que describen es una escena repetida y peligrosa: barreras que bajan con anticipación, tren que anuncia con bocina y conductores que intentan pasar igual, como si el tiempo valiera más que la vida. Recién cuando suena el primer bocinazo, muchos retroceden. La lógica es siempre la misma: “llego”, “me da”, “pasa después”. Y un día, no.

Ese punto es clave porque rompe un reflejo automático de la discusión pública: cuando hay un choque con un tren, la primera reacción suele ser buscar la falla del sistema, el reclamo al organismo nacional, la barrera que no bajó o la señal que no prendió. Pero si la barrera estaba baja, el problema principal es otro. No es un desperfecto. Es una decisión. Y ahí aparece una pregunta incómoda para la ciudad: qué tan extendida está la cultura de la imprudencia, no solo en lo que tiene que ver con cruces ferroviarios, y por qué se repite con tanta naturalidad.

En ese marco, el Municipio queda en una posición ambigua. No tiene competencia sobre vías, formaciones ni dispositivos ferroviarios. Eso es jurisdicción nacional. Pero sí administra el espacio urbano que rodea esos cruces. Y ahí hay responsabilidades que no se pueden tercerizar. Educación vial, controles, ordenamiento del tránsito, iluminación, demarcación y cartelería complementaria son parte del paquete municipal. No determinan por sí solos si alguien cruza con barreras bajas, pero ayudan a instalar un mensaje claro: la norma se respeta y hay consecuencias cuando no se respeta.

La educación vial es el ejemplo más evidente de esa deuda. En Mercedes se habla de conciencia vial cada vez que ocurre un choque fuerte, pero lo que suele faltar es continuidad. No alcanza con una campaña esporádica ni con un posteo que dura lo mismo que una indignación. La educación vial funciona cuando es sostenida, repetida y visible en el tiempo: escuelas, espacios públicos, medios locales, acciones en territorio, trabajo con jóvenes y con conductores frecuentes. Cuando eso no existe, la calle enseña otra cosa: que la norma es opcional y el apuro manda.

A esa falta de cultura vial se le suma otro punto técnico, menos discursivo y más práctico: la señalización urbana previa a los pasos a nivel. Aunque la barrera y la señal ferroviaria dependan de otro organismo, el Municipio puede y debe reforzar el entorno con señalización vertical y horizontal en el área bajo su competencia. La demarcación de aproximación, la pintura sobre calzada, carteles de advertencia a distancia razonable, cartelería de velocidad, líneas de detención bien marcadas, señalización nocturna y buena iluminación son herramientas básicas para reducir riesgo. No reemplazan la barrera, pero disminuyen la ambigüedad y le recuerdan al conductor, antes de llegar al cruce, que ahí no se improvisa.

En ciudades donde la imprudencia se vuelve costumbre, estas medidas cumplen un rol adicional: hacen más difícil “justificar” la infracción. El que cruza con barrera baja ya no puede decir que no vio, que no entendió, que no se dio cuenta. Se encuentra con señales repetidas, demarcación clara y un entorno diseñado para frenar la inercia. Es decir, una ciudad que no confía en que todos se van a portar bien, sino que se organiza para que el error cueste menos y la infracción sea menos probable.

Por eso, el debate que se abre no es solo ferroviario. Si la hipótesis de barreras bajas se confirma, el hecho deja una enseñanza dura: cuando el sistema funciona y aun así ocurre un choque, lo que falla es la conducta, y lo que falta es prevención local. A partir de ahí, el reclamo a Trenes Argentinos puede seguir siendo válido, pero deja de ser suficiente. Porque la seguridad no se construye solo con cartas documento a un organismo nacional. También se construye con educación vial constante, controles reales y una señalización urbana que acompañe.

Y, sobre todo, con una idea que en el tránsito suele olvidarse: esperar no es perder tiempo. Es ganar vida.MercedesYA.com

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