lunes, 20 de abril de 2015

Realidad

Nota de Opinión

Por: Norberto Rosendo (Comisión Nacional Salvemos al Tren)


Mañana por la mañana hemos decidido en común acuerdo y en asamblea de soviet populares de nuestra recién proclamada república socialista k que tomaremos la residencia de Olivos, (lo más parecido que tenemos por estas pampas al Palacio de Invierno); después de muchas discusiones, por fin hemos llegado a un acuerdo por mayoría. Pero siempre hay un pero, dos dirigentes se oponen, el argumento es que si colgamos a los opresores ellos no devolverán lo que robaron al pueblo, es por ello que antes de tomar el palacio debemos hacerles devolver lo que se robaron.

Es claro que no tomaremos ningún palacio, y mucho menos, les haremos devolver nada a nadie.

Pero esa es en esencia la posición de  los que se han opuesto a la nueva Ley de Ferrocarriles.

Nadie dice, y mucho menos nosotros, que la nueva ley ferroviaria sea la revolución bolchevique ferroviaria ni nada parecido, pero sí decimos que es un paso en el camino correcto; veamos por qué.

a) Vuelve a crear dentro de la dependencia del Estado una empresa nacional ferroviaria, lo cual significa volver a tener la potestad sobre el sistema; permite la generación de políticas públicas en relación a los ferrocarriles, y lo más importante, permite dirigir las inversiones hacia los sectores que estratégicamente nos interesan.

b) Consagra el sistema de vías abiertas. Lo cual significa que si un operador quiere tener un tren debe comprarlo, no como ahora que lo recibió regalado del Estado. Permite que los privados inviertan sin tener que quedarse con todo el paquete, y fundamentalmente, con la planificación.

Que tiene cosas malas, sin duda, este no es un gobierno revolucionario simplemente porque nuestro pueblo todavía no quiere un gobierno revolucionario, y este gobierno actúa en consecuencia, dejando puertas abiertas por las que puede colarse nuevamente el robo privado.

Creemos que las dos mayores faltas de esta ley son la ausencia de los cargadores y los pasajeros en el directorio, y la posibilidad de privatizar los controles de trenes.

Pero que es un avance frente a las leyes que teníamos que nos prohibían poseer una empresa que operara nuestros trenes (ley de Reforma del Estado), es sin duda un gran avance.

Vamos ahora con las falacias de nuestros opositores a tomar el Palacio de Invierno. Dicen ellos que hay que cobrarle a los concesionarios la plata que se llevaron.

Bien, díganme ahora cómo se hace para sacarle jugo a un ladrillo seco; todas y cada una de las empresas que manejan nuestros trenes son poco más que cascaras vacías llamadas Sociedades Anónimas que nuestra ley permite y santifica, y las cuales no tienen un peso partido al medio. Que podemos llevar presos a sus gerentes. ¡Sí!, eso es cierto, pero no es necesario ponerlo en la ley.

Hay que hacer el inventario, la pregunta es de qué, ¿de lo que queda?, ¿de lo que había o de lo que se robaron?, la siguiente pregunta es, ¿para qué?, si no podremos ejecutar una mísera garantía o seguro ya que hace muchos años que los mismos están caducos.

Si estuviéramos en medio de una revolución, seguramente enjuiciaríamos a los responsables y probablemente irían presos varios, pero en un estado de derecho burgués como éste, lo único que podremos hacer es llorar sobre la leche derramada, y eso como todos sabemos, es inconducente.

Hoy lo mejor que podemos hacer es cesar las concesiones lo antes posible, y lo antes posible es cuando la relación de fuerzas de para ello, nunca antes, y es esto exactamente lo que ha hecho esta ley.

Que la ley dejó las puertas abiertas a futuras concesiones; sí, sin duda, ya que si recordamos que teníamos una empresa estatal que se llamaba Ferrocarriles Argentinos que tenía autarquía y no sé qué más, y que daba trabajo a más de cien mil personas y que de un día para otro la hicimos añicos.

Que un payaso de largas patillas y contradictoria conducta política, de un día para el otro transformó lo que era un  país cuasi socialista en un paraíso neoliberal y totalmente a derecho, no hay duda y es historia.

Y que otros pueblos que ya habían hecho su revolución y que de un día para el otro les cayó un burócrata de costosas corbatas y perestroika mediante, tiró todo por la ventana y ese pueblo sólo conservó lo que estuvo dispuesto a defender a través de sus luchas.

Hoy y aquí es igual que antes y allá, lo que la gente esté dispuesta a defender con sus luchas y sus decisiones se conservará, y lo que no se perderá, es simplemente la ley de la historia y no hay otra dictada por ningún parlamento que pueda oponerse a ésta.

Si mañana llega don Mauricio al poder, simplemente el avance que fue esta ley será simplemente historia y volveremos a tener concesionarios de trenes como hoy lo hay de subte en la capital.

Si en cambio el presidente se llamara Florencio, seguramente esta ley avanzará hacia un sistema más público.

Si se llama en cambio Daniel, al que le vemos sin duda dos largas patillas, hoy virtuales, probablemente el futuro sea similar al que nos reserva el Mauricio.

En fin, una ley no puede asegurarnos de ninguna manera el futuro, sólo nuestra consecuente participación, decisiones y lucha podrá consolidar ese futuro; hoy la ley da un paso, un paso corto y vacilante sin duda, pero en la dirección correcta.

Por eso la apoyo.