martes, 2 de febrero de 2016

Ahorro de energía en los nuevos transportes públicos

Nota de Opinión

Por: Ing. Román Ballesteros (para Crónica Ferroviaria)

Mucho se habla, y más aún se muestra, acerca de nuevas maneras de transportar pasajeros en grandes ciudades. Desde hace varios años a esta parte, y principalmente en toda América del Sur y en gran parte del Caribe, se está aplicando el carril guiado exclusivo para vehículos de autotransporte a combustión interna. En algunos países se los denomina BRT (Bus Rapid Transport), o Metrobus, o SoloBus, o MoVe o siglas similares.

Este modo resulta ser una novedosa combinación de Metro y de Ómnibus articulado con paradas espaciadas para trayectos con altas velocidades, cuya ventaja principal es la de aumentar la velocidad comercial del servicio en líneas troncales de alta demanda. Sus instalaciones fijas, o paradas de accesos e intercambio, permiten, asimismo, facilitar el ingreso/egreso de pasajeros en menores tiempos con pasaje pre-abonado en máquinas  expendedoras automáticas ubicadas en cada parada, fuera de las unidades de transporte.


Hasta aquí el sistema ofrece confort, velocidad y fácil accesibilidad, lo que al pasajero le resulta cómodo y placentero viajar en trayectos largos y medianos, mediante la infraestructura básica.

Sin embargo todo ello se contrapone con otros aspectos técnicos que finalmente encarecen el costo del pasaje, por mayor consumo de energía. El rodaje y el uso de combustibles fósiles son caros e ineficientes para movilizar este tipo novedoso de vehículos públicos. Veamos por qué.

El efecto del rodaje.

La física durante el rodaje de la unidad de transporte usada en el modo BRT ocurre entre ruedas (caucho) y pista (hormigón).

Esto hace mayor el esfuerzo mecánico de tracción por ser alta la fricción producida. Esta condición también es inconveniente para las líneas de transporte con trolebuses articulados. En cambio, en el modo del sistema ferroviario ocurre entre ruedas (hierro) y pista (hierro). Este efecto es menor en un orden de 1/4 con relación al anterior. En consecuencia el gasto de energía de tracción resulta ser 4 veces menor. La economía resulta ser notablemente superior. Ello permite, por lo tanto y a su vez, aumentar la cantidad de pasajeros a transportar o bien acoplar otras unidades más para ello. Por tal razón, el ferrocarril sigue siendo la solución de los transportes masivos en todo el mundo.

El efecto de la combustión interna

Bien se sabe que el combustible fósil puede convertirse en energía eléctrica, en una central térmica de generadores eléctricos, con mejor rendimiento en la tracción mecánica superior al 80%, aproximadamente. Ello permite aumentar el esfuerzo mecánico por unidad de combustible empleado. Esta ventaja es tanto mayor para esfuerzos mayores con el uso masivo de motores eléctricos para tracción, en los coches, siendo ínfimas las caídas de tensión de las líneas de alimentación eléctrica las subestaciones de tracción.

En definitiva, aprovechar la superioridad de la energía eléctrica en los ferrocarriles urbanos  tiene notablemente mayor eficiencia, que la empleada en los carriles exclusivos con ómnibus guiados a combustión interna. Esto último se agrava por la contaminación directa de la calle.

Resulta aún mayor esta diferencia tecnológica, al agregar como referencia, que las dimensiones de los coches ferroviarios son apropiadas para transportar mayor cantidad de pasajeros por unidad, en un 30% superior con respecto a los coches automotores del BRT. Otro detalle a favor del ferrocarril es la mayor aceleración suave provista con motores eléctricos.