viernes, 16 de diciembre de 2011

EL GRAVE DESPROPÓSITO DEL PROYECTADO SOTERRAMIENTO DEL FERROCARRIL SARMIENTO

Cartas de Lectores

Señor Director de Crónica Ferroviaria:

Asisto azorado al avance de este insensato proyecto cuya primera etapa sería Caballito-Ciudadela, lo cual implicaría sellar en una ratonera de cemento al sufrido público que circula por los trenes del populoso oeste, en dos vías, y a 22 metros de profundidad.

La tuneladora que ya se está armando a tal fin, en la playa sur de Haedo (la cual inexplicablemente ha sido desafectada del tráfico de cargas), está diseñada para cavar dos tubos, uno para cada una de las dos únicas vías y encofrarlos en cemento. Ello significará que los trenes diésel de larga distancia, así como los cargueros, no llegarán a la cabecera Once, lo cual aparejará fatalmente, que las cargas ya no ingresarán por vía férrea al puerto, pese a que existe un túnel y una vía para tal fin que quedaría así olvidada, sino que habrá que trasbordar las cargas a camiones y los pasajeros de larga distancia a micros, antes de ingresar a la boca del proyectado túnel, con el consiguiente incremento de los accidentes viales, costosos y molestos transbordos, mayor contaminación ambiental, la congestión del ya endemoniado tránsito, y obviamente, un aumento brutal de los fletes, con lo cual quedaremos todos rehenes del transporte automotor.


No se precisa ser ingeniero ferroviario para advertir el mortal sarcófago de cemento en que se convertirá esta línea una vez soterrada, o mejor dicho enterrada, en caso de un descarrilamiento, incendio o las frecuentes detenciones de un tren por problemas técnicos entre dos estaciones, y las indecibles dificultades y trágicas e inevitables demoras con que se producirá el rescate de los 1.200 pasajeros en promedio (en caso de producirse lo arriba mencionado) que transportan en la actualidad los desvencijados y atestados trenes eléctricos.

Me pregunto. ¿Cómo harán llegar un tren de auxilio al lugar del siniestro ?. ¿En qué transportarán a los autobombas y a los bomberos para extinguir un incendio a 22 metros de profundidad?. ¿Cómo harán para sacar a la superficie a los heridos, accidentados y muertos cuando las rampas de subida estarán lejanas del lugar del siniestro, y por ende, inaccesibles para bomberos, ambulancias, paramédicos, etc.?. ¿Cómo evitarán que no hayan muertes por asfixia, en caso de producirse (ojalá que no) de toda esa gente ante tal eventualidad?

Es evidente que a poco de analizar este proyecto, tiene éste mucho de demencial por parte de sus mentores y de los políticos "non santos" que lo apoyan entusiastamente.

La principal mentora de este proyecto es la empresa TBA, a la que no le interesa ni mejorar, ni proyectar, ni propender a un moderno ferrocarril para el siglo XXI, ni menos aún la pobre gente que usa el tren diariamente desde y hacia el congestionado oeste. Sólo los mueve seguir cobrando sus colosales subsidios, y por supuesto, cuidar y poner a buen resguardo a la línea Microómnibus Plaza, de la que son propietarios y por la cual gozan también de subsidios.

Así se explica el contraste entre estos micros, lujosos, modernos y limpios, frente a los semidestruídos, sucios, inseguros y descuidados trenes eléctricos. De inversiones y mejoras en el Ferrocarril Sarmiento, cuyo servicio calamitoso es público y notorio, ni hablar. Ello constituye una innegable muestra del desinterés que tiene esta empresa por los sufridos usuarios de esta línea, que transporta hacinados casi 800.000 pasajeros por mes. Sólo la codicia los mueve, e increíblemente, cuentan, hasta ahora, con el amparo oficial, pese a los cada día más frecuentes descarrilamientos, accidentes, demoras y cancelaciones de los trenes, que, además vale la pena recordarlo, son del Estado Nacional, o sea, de todo el pueblo argentino.

Llama la atención que el Secretario de Transporte de la Nación, que integra un gobierno que se ufana de anunciar la ejecución de un plan de recuperación ferroviaria, apoye este proyecto monstruoso, sabiendo que conducirá a la virtual destrucción del Ferrocarril Sarmiento y a seguras tragedias, y todo ello, a un costo descomunal e innecesario. Me parece totalmente inviable este proyecto, y lo lógico y sensato sería encarar su inmediata replanificación mediante la construcción de viaductos en bajo nivel, como acertadamente se lo está haciendo en las líneas del Mitre (como el recientemente inaugurado túnel de la calle Monroe) también en el Roca, San Martín y Belgrano, y que es la moderna tendencia mundial actual.

Es por ello, que lo correcto es construir viaductos en bajo nivel en los actuales pasos de las calles Donato Álvarez, Boyacá, Nazca, Segurola, Goya, Barragán y Cuzco que son los más congestionados y peligrosos, a un costo infinitamente mas bajo, y porque además, técnicamente es más fácil, ya que en el Sarmiento las calles son perpendiculares, y el paso bajo las vías sería mas corto que en las líneas del Mitre, San Martín, Roca y en el Belgrano Norte y Sur, en las cuales se los construye en ángulo cerrado. Entonces, ¿por qué no seguir con ese temperamento en el Sarmiento que es mas fácil y menos costoso?

Empero, los proyectistas y políticos, callan al respecto, y nada dicen sobre las gravísimas consecuencias que traerá la eliminación de la vía cuádruple que empieza a la altura de los Talleres Ferroviarios de Liniers, como tampoco sobre la desconexión con el ingreso a estos, lo cual se repetirá en los empalmes Merlo - Lobos, Haedo - Caseros que quedarían truncos, y por supuesto, también en la vía general hacia afuera, a partir de Moreno, que estarían a desnivel de las vías de los eléctricos hacia Once, lo cual sellaría el ingreso a la cabecera de Capital Federal de los trenes de pasajeros de larga distancia y de los cargueros. De esta manera, las 4 vías existentes en los tramos Liniers - Haedo, diseñadas y construidas hace mas de un siglo atrás para agilizar el tráfico de locales, serían levantadas, y de esta forma congestionar y atorar aún más el tráfico de los locales, en sólo dos vías subterráneas, cuando ante el incremento explosivo de la población en el congestionado oeste bonaerense, y ante el colapso de las rutas y autopistas, es imperioso no sólo mantener esas 4 vías, sino construir dos más, todas a nivel, con viaductos bajo nivel para hacer fluido el tráfico automotor y conectar a los distritos hoy divididos por las vías.

A la empresa TBA no le interesan los trenes generales ni la carga, e inexplicablemente, todo parece indicar que el Gobierno Nacional participa de esta concepción mercantilista, pese a proclamarse nacional y popular, desconociendo que el ferrocarril cumple un insoslayable rol social, aquí, y en cualquier país del mundo.

Hay fuertes sospechas que todo gira entorno a la codicia de los diseñadores de este plan, por los colosales negocios inmobiliarios que están en carpeta sobre los valiosos terrenos que en el futuro quedarían desafectados, tras construir un diminuto trencito bajo tierra.

Es también sintomático que las numerosas ONG, universidades e institutos técnicos en materia ferroviaria, integradas por calificados técnicos, ingenieros ferroviarios, urbanistas, académicos y especialistas en la materia, no hayan sido consultadas, aunque no sorprende que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires también haya adherido a este disparatado plan, pese a las declamaciones de Macri y de su Ministro Chaín de alentar al ferrocarril y desalentar al automotor. A nadie engañan, puesto que, ambos, son y han sido siempre e invariablemente hostiles al tren en el ejido de la Capital Federal, prueba de lo cual ignoran e incumplen el claro mandato de la Ley 123, aprobada en su hora por la Legislatura capitalina, y que además, está vigente.

Es indiscutible que todos los que apoyan y motorizan a este despropósito no están motivados, ni por el bienestar de los sufridos habitantes del populoso oeste bonaerense, ni por el ferrocarril, al que detestan y consideran que molesta y divide a los municipios que surca, ni por el interior del país y su pueblo.

También es evidente, que no leen las publicaciones extranjeras especializadas en ferrocarriles y urbanismo, que, anoticiadas de esta locura, exponen en autorizados y prestigiosos foros internacionales, con claros e incontrastables fundamentos técnicos, la absoluta inviabilidad de este plan tal como está concebido actualmente, y lo ridiculizan.

Pobre ferrocarril, pobre país, pobre pueblo argentino. Ojalá que los responsables de esta monstruosidad recapaciten y la corrijan. Todavía se está a tiempo. Saludos.
Maximiliano César Odda
odda92@hotmail.com