jueves, 18 de junio de 2015

Randazzo, el heredero que no fue: metáfora del movimiento político que perdona todo menos salir segundo

Actualidad

Tras haber recibido un presupuesto millonario para acondicionar los trenes y el sistema de documentos, luego de las palabras elogiosas de Cristina y de la publicidad en la TV, el ministro se enfrentó a una cruel realidad: en el peronismo no hay vocación de perder detrás de una posición "purista"

Debe ser feo estar en los zapatos de Florencio Randazzo en estos momentos.

El ministro de Interior y Transporte, quien durante meses estuvo convencido de ser el candidato preferido y bendecido por Cristina Kirchner, está experimentando el sabor amargo de la decepción.

Aunque nadie está en su mente, no resulta difícil imaginarse que también se está sintiendo traicionado luego de haber recibido la shockeante noticia de que Carlos Zannini será el compañero de fórmula de Daniel Scioli.

O, dicho en otras palabras, que finalmente Cristina acordó con el gobernador y le dio su aval para ser el "único" candidato oficial del Frente Para la Victoria.


Por estas horas, muchos acusarán a Randazzo de ingenuo, por haber pensado que recibiría el apoyo presidencial aun cuando las encuestas marcaran con claridad su imposibilidad de ganarle a Scioli en las primarias.
Se lo culpará por no entender la política real ni la pragmática esencia del peronismo.

Pero ese es el análisis con el diario del lunes. Lo cierto es que, hasta el martes a la noche, tenía sobradas razones para el optimismo.

En la interpretación de las señales de Cristina -ese deporte nacional que practican políticos, periodistas y empresarios- parecía no haber dudas sobre quién era el preferido.

Desde hacía ya varios meses, Scioli venía siendo objeto de ataques, ya sea por haber asistido a un stand veraniego del Grupo Clarín como por sus definiciones ambiguas respecto de la política económica.

Randazzo disfrutaba de esas embestidas contra su contrincante político, mientras recibía el cariño de Cristina, expresado no sólo en gestos sino en dólares contantes y sonantes.

Cada inauguración de obras vinculadas con el ferrocarril o con el sistema de DNI y pasaportes, contaba con un discurso de la Presidenta. Además, implicaban un fuerte desembolso de fondos públicos.

¿Sobre Rieles?

Las inversiones en concepto de renovación del sistema ferroviario llevan acumulados unos u$s1.200 millones desde que -tras la tragedia de Once- el Gobierno cambiara su política e iniciara la "gestión Randazzo".

Gran parte del giro pro-chino en la política exterior argentina tuvo como objetivo la obtención de esos fondos. Por lo pronto, hay nuevos vagones. La firma CSR, que en 2013 ya había firmado contratos por u$s1.000 millones para trenes interurbanos acaba de adjudicarse otro por u$s274 millones.

El ministro no se salvó de las críticas. Tanto desde el gremio ferroviario como de la oposición política se cuestionó su estrategia, a la que se acusó de priorizar lo que resultara más visible y redituable desde el punto de vista electoral.

Incluso, su gestión ha sido objeto de investigación por parte del fiscal Gerardo Pollicita, que pidió explicaciones luego de las denuncias por presunto pago de sobreprecios, que podrían llegar hasta un 30 por ciento.

Pero ni esas acusaciones ni los frecuentes incidentes con los trenes -a los que Randazzo nunca dudó en calificar como sabotajes- llegaron a perjudicar su imagen de gestor.

Las usinas de propaganda oficial ensalzaron las bondades de la gestión estatal, recurriendo para ello a la comparación entre la línea Sarmiento -que depende del ministro - y las que, en teoría, eran privadas.

Destacaron que la cantidad de pasajeros -al menos, los que pagan- se incrementó un 246% contra el 15% de los otros ramales. En cuanto a los costos, registró un incremento de apenas 17% mientras que el San Martín enfrentó subas de 77%.

Además, festejaron la reestatización del ferrocarril, en un intento por darle un tono de gesta épica y de asimilarlo a la histórica estatización de Juan Perón en 1948.

No por nada, el propio Randazzo -al asumir la gestión ferroviaria luego del accidente de Once- pidió tiempo para ver resultados, porque "no se puede resolver en meses lo que no se hizo en 50 años".

La frase fue dicha delante de Cristina Kirchner y todos leyeron entrelíneas la acusación tácita en su afirmación: diez de esos cincuenta años a los que aludía el ministro habían transcurrido bajo el gobierno kirchnerista.

Criticando con entusiasmo militante

Lo cierto es que cada corte de cintas en una estación ferroviaria, cada discurso amable de Cristina, cada repetición de esos "hitos" en los entretiempos de Fútbol Para Todos terminaron por convencerlo de que él sería el elegido.

Hasta lo envalentonó y lo hizo apostar fuerte a marcar diferencias con el gobernador bonaerense, al punto de acusarlo de ser lo mismo que Massa y Macri.

Es decir, planteó que en la mismísima interna del Frente Para la Victoria se daría la batalla entre "el proyecto nacional y popular" y el regreso al liberalismo de los '90.

Su momento de euforia máxima ocurrió cuando creyó haber sorprendido a Scioli "in fraganti" en una postura favorable a arreglar con los fondos buitre.

Randazzo tomó una frase del economista Miguel Bein, presunto ministro "in péctore" del eventual gobierno sciolista, en la que abogaba por terminar con el litigio a través una negociación que implicara una quita en la cifra adeudada.

Para el ministro, esa afirmación dejaba al desnudo el "doble discurso" de Scioli y su verdadero pensamiento a contramano del Gobierno nacional.

"Nuestra posición es clara: no vamos a entrar en el juego de usureros que lucran con el esfuerzo del pueblo. Nosotros pensamos en los argentinos", afirmó Randazzo, al tiempo que reiteraba sus elogios hacia la gestión del ministro Axel Kicillof.

En esos días de gloria, disfrutó el agasajo en el entorno amigable de Carta Abierta. Los intelectuales no sólo le dieron su explícito respaldo y su aureola de prestigio sino que hasta le festejaron el chiste de dudoso gusto sobre cómo el proyecto "quedaría manco" si Scioli lograba la presidencia.

El entusiasmo se acrecentaba por aquellos encuestadores que afirmaban que no era tan claro que el actual gobernador pudiera ganar en las primarias y que la diferencia entre ambos candidatos se venía reduciendo sin pausa.

Artemio López, el más connotado de los politólogos afines al oficialismo, venía pregonando la idea de que el kirchnerismo no debía resignarse a quedar diluido en una candidatura "light", dirigida a captar votos de indecisos, sino que debía reforzar su perfil combativo.

Pero el sueño terminó. Tarde y de la peor manera. Randazzo se enteró que la apelación al "baño de humildad" -que él creía que era la manera en que la Presidenta allanaba el camino a su candidatura- también lo incluía a él mismo.

El heredero que nunca llegó a "medir"

La gran dificultad de Randazzo por estas horas debe ser la de pensar con la cabeza fría.

Por un lado, siente la sensación de traición, al ver que Zannini -uno de los ideólogos e impulsores de su candidatura presidencial- aparece ahora en la vereda de enfrente.

Pero, por otro, está la nada desdeñable oferta de una postulación a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, también en un régimen de candidatura única, dado que es un secreto a voces que Aníbal Fernández declinaría su nominación si él aceptara.

Sea cual fuere la decisión, su situación es incómoda. Hacer campaña a favor de "Scioli presidente" tiene demasiado gusto a humillación y contradice el tono agresivo que había sostenido hasta ahora.

Pero mantener esa distancia y la acusación de traidor en potencia también es difícil, luego de que Scioli recibiera la bendición de Cristina y de la plana directriz de La Cámpora.

En definitiva, Randazzo parece haber cumplido apenas la función de "sparring" para ayudar al actual gobernador a definir y a consolidar su posicionamiento como candidato del "modelo K".

Un rol que podría asimilarse al que jugó, involuntariamente, Sergio Massa respecto de Mauricio Macri.

Es una de las lecciones de este momento: la política puede ser cruel, pero tiene su lógica implacable. Los tiempos de la "política real" fueron más rápidos que los del calendario electoral, de manera que las luchas internas se definieron antes de que llegara el día de la elección.

Con el tiempo, Randazzo entenderá que no hubo "nada personal". Acaso le habría venido bien atender la acertada e ilustrativa frase del salteño Juan Manuel Urtubey cuando le pidieron su opinión sobre Scioli.

"Cuando tenga un candidato a Presidente, que todavía no lo tengo, me va a empezar a parecer un gran dirigente; en septiembre me va a parecer que es lo más cercano a los postulados del peronismo y en octubre, cuando gane las elecciones, me va a parecer la reencarnación de Perón", afirmó.

Ahora, todo indica que ya tiene su candidato, al igual que el resto de sus colegas gobernadores. Se llama Scioli.

Lo que se vio en estos días es el peronismo en su esencia más pura. Y lo que, observado desde afuera puede parecer una contradicción, no es más que el pragmatismo de un movimiento que puede perdonar todo menos una derrota electoral.

Scioli tiene los votos, y entonces "los pibes para la liberación" se tragarán su desconfianza y sus reproches previos para votar al candidato único.

Randazzo, que nunca "midió" en las encuestas, habrá quedado con el sinsabor de haber encarnado al "heredero que no fue".

Nunca viene mal recordar la célebre definición del general, que decía que los peronistas son como los gatos, porque cuando hacen mucho ruido, parece que se están peleando pero en realidad se están reproduciendo. Mejor no ahondar sobre qué rol le cupo a Randazzo en esa situación.IProfesional.com