jueves, 29 de agosto de 2013

SOBRE EL RIEL

CUENTOS FERROVIARIOS

Autor: Héctor Aldo Valinotti (Santafesino del norte, radicado en Córdoba)

Abro la puerta del horno y una nube de chispas salta hacia mí. Adentro, corazón rojo de quebracho, guayacán y algarrobo, el fuego envía sus lenguas hacia la caldera, adelante. Y da paso, hecho blando colchón de brasas, a los troncos que voy arrojando, uno tras otro.

Uno que entró, otro más, al fondo. Este, con un toque sobre el borde, para que sale, justo así al costado. Carajo, uno que no quiere entrar. Picafuego. Una patada. Ya está. Presión once kilos y aun entrando. Nivel del agua bueno, puede aguantar. ¨Por el "detroit" una gota de aceite que pasa regularmente, irá a unirse con el vapor. Con el agua que tiene el tender podemos llegar a Calchaquí.

En manga de la camisa. Hace un guiño y sigue mirando al campo, adaptando todo su cuerpo al caminar de la "Americana", una ALCO modelo 1918. Tiene sus oídos puestos en los ruidos de la "Americana", en el soplar del vapor, al golpeteo de las bielas, a todo lo que desprende ese conjunto de hierros recalentados que conforman la locomotora.

La "Americana" era lo mas nuevo que había en el Chaco. Cuando llegaron, en 1920, le engancharon a una 60 vagones cargados sólo para ver cuanto "tiraban". Pero un enganche se rompió, el tren se cortó y nunca pudo saberse la potencia verdadera de la "ALCO", la sigla de la American Locomotive Company, que vino a superar a las "Décimas" un modelo Belga de 1912. Muy detrás quedaban las "octavas" y las "quintas", suizas de rodado alto, útiles para trenes de auxilio.


Pistón derecho, pistón izquierdo. Adelante el "miriñaque" sigue el ritmo y apunta en el mismo sentido, "Da pasos". Se equivocan los que piensan que las locomotoras van, rectas, siguiendo las vias. No, como todo ferroviario sabe, las locomotoras ,"caminan". Sólo que sus pasos son de hierro, donde la fuerza de una biela compensa a la otra. Y ese es el ruido (chuf-chuf) que usted oye desde lejos.

Pero usted nunca verá "caminar" a las locomotoras a vapor. Porque las bielas, los cilindros, las válvulas, todo en movimiento no se lo permiten. Usted piensa que la "Americana" tira todo este tren porque sus ruedas giran. Ambrosig y yo sabemos que. lo hace a grandes pasos, que camina.

No siempre, claro, pero a veces hay problemas. El material tiene más de 40 años, las reparaciónes, por fuerza, son malas. Pero la gente hace lo que puede, se arregla. Está, por ejemplo, el caso del Suizo aquel que, en medio del monte, tirando de un tren forestal quedo parado con los bujes de la motriz izquierda, fundidos.

El Suizo estaba solo pero se arremangó, saco la biela maestra y clausuró el cilindro. Siguió andando y llegó a su destino con sólo la fuerza del lado derecho. Igual que si uno sólo tiene un pie sano y del otro lado sólo una muleta inútil. Guapo el Suizo y malas las estopadas que le habían puesto. A veces, la gente del galpón sobre todo si es sábado o domingo, no siempre hace las cosas bien.

Ambrosig hace sonar el silbato. Un toque largo, dos cortos. Ruido de guardaganados. Al frente, la señal está baja. Entre los paraísos se alcanza a distinguir el techo de tejas rojas de la estación de "Gobernador Crespo"... Lo miro sacar el cuerpo y agacharse para recoger al aro con la "vía libre" que le alcanza el Jefe.

Desenvuelve y me grita: "Vía Libre hasta Calchaquí. Allí cruce con el seis-veinte". Presión: Trece kilos. El agua: Sólo dos dedos detrás del vidrio del nivel. Es momento de hacer andar al inyector y dar más. En el horno, algún palito por cualquier cosa. También algunas paladas de carbón para que no quedemos cortos.

Allá afuera, el sol se esta poniendo detrás de una avenida de eucaliptos. Mientras me agacho hacia la tapa del horno, miro de reojo hacia el fuego rojo del astro, a través de un pasar de cortaderas y postes de telégrafo.

Tengo sed y me tomo casi la mitad del agua que llevo en una bolsa mojada, colgando fuera del tender. Cae la tarde y la carbonilla que tira la chimenea, comienza a brillar con lucecitas rojas, despacio, sobre el camino que corre junto a las vías. En el campo, los paisanos arrean las lecheras hacia los corrales y nos saludan con el brazo en alto. En la punta de ese brazo está siempre el rebenque. Ambrosig les devuelve el gesto con un pitazo corto y bajito ("Para que no chille el guarda. Ese vago que, con toda seguridad viene tomando mate con alguno que trae "degollado" (1) en el furgón")

Y piensa en voz alta: "Esta noche, cuando llegue al Depósito, me baño, me lavo bien la cabeza, me calzo el traje y me voy a ver las chicas de la calle San Martín.."

Los faroles a kerosen de la Estación de Ramayón pasan como fantasmas amarillos y quedan atrás los candiles de los boliches del pueblo (caballos atados, volantas), con sus molinetes Wincharger sobre los techos, en busca de luz eléctrica o de energía para escuchar la radio.

Es el último relumbrón sobre un horizonte totalmente negro.

—"Llegar a foguista tiene su importancia. No al pedo trabajé cuatro años de pasaleña. Luego viene el examen. Pero el verdaderamente bravo es el curso y el examen para llegar a maquinista".

El comentario de Ambrosig me trae a la memoria al maquinista Humberto Massoni, que sólo con una carbonilla y dibujando sobre el "tender" me enseñó, una siesta, la demostración del Teorema de Pitágoras.

Ese que dice que, en un triángulo rectángulo, la suma del cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa. Esto ocurrió en el cuarenta y tres y sesenta años depues tomó nota de cuánto hemos perdido en el campo educativo y cual es la distancia real entre los obreros actuales y los que supimos tener entonces.

Abro el horno y seguro que -si viene medio dormido- el croto (2) que viaja en el techo, como veinte vagones más atrás, cree que sale el sol.

Lo crea o no seguro que se está quemando toda la ropa con las brasitas que salen despedidas por la chimenea. No entiendo a estos linyeras, En algunas épocas del año pasan hacia el Sud , en otras suben nuevamente hacia el norte. La papa de Necochea y el algodón del Chaco, pueden tener que ver en estos traslados.

Eso sí, siempre se los ve igual: Mugrientos, con hambre atrasada, con el "Mono" al hombro. El maquinista Ruiz decía de ellos que eran gente sin tierra, víctimas del latifundio.

¡¡ LARGATE....!!!

Más que un grito, el de Ambrosig fue un desgarrarse... Abajo y adelante la "Americana" caminaba sobre una masa viscosa de huesos, carne y cuero. LARGATE..!!! Es un grito que escucho todavía perforando el ruido tremendo de la máquina cayendo hacia un lado -su lado- con las motrices fuera de las vías y montadas sobre el cuerpo triturado de una vaca. De una vaca que se había hechado a rumiar sobre los rieles y cuyo dueño jamás apareció como siempre suele suceder.

En este ambiente blanco y sin plombagina del hospital donde he despertado ahora sé que nunca pudimos llegar a Calchaquí- Y que, tampoco nunca podré llegar a ser maquinista.

Junto a la cama una muleta nueva me espera y me recuerda, no sé bien porque, la biela fundida que el suizo saco de su máquina, para llegar a destino con un solo pistón.

(1) Pasajero furtivo que el guarda lleva en el vagón de cola, o furgón, y al cual "cobra" un pasaje que ingresa a su propio peculio.


(2) Como "croto" fue conocido el obrero rural temporario que el Ministro de Agricultura, del mismo apellido "benefició" con la gratuidad del traslado ferroviario siempre que viajara sobre los techos de los vagones.

4 comentarios:

  1. Ya en cuanto tenga mas tiempo lo voy a leer todo. Leyendo salteado encuentro a uno que sido pasaleña cosa que he mencionado en mas de un comentario, incluso en uno de hace pocos días. ¡Si los conductores de ahora se quejan porque los asientos no son comodos, tendría que conocer lo que era aquello.....!
    Bonutti

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  2. -Gran Homenaje Literario a esos Obreros del Riel que hicieron una Patria Grande, a fuerza de una vida de sacrificios inimaginables.
    Conmovedor hasta las lágrimas.
    Felicitaciones a su autor y a C.F. por publicarlo.

    https://www.flickr.com/photos/ibertram/

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  3. Hola,mi nombre es Aldo Valinotti. Soy el autor de "Relatos Ferroviarios· Me alegró mucho ver publicado esto. Agradezco los comentarios. Como hijo de ferroviario tengo recuerdos de los años 40 y 50 que me gustaría compartir. Agradezco nuevamente su atención y los invito a no aflojar en la defensa de nuestros ferrocarriles. Por favor remitan lo que se continúe publicando. Mi mail es :

    havalinotti@hotmail.com

    Attentamente.

    Héctor Aldo Valinotti.



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  4. ¡Emocionante lo suyo Vallinotti!!! Un abrazo.

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