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En distintos puntos de Nueve de Julio todavía sobreviven, casi como esqueletos de otra época, los viejos galpones ferroviarios que alguna vez fueron símbolo de movimiento, trabajo y crecimiento. Hoy, muchos de esos espacios permanecen cerrados, deteriorados y atrapados en una maraña burocrática nacional que, con el paso de los años, terminó paralizando proyectos, iniciativas y posibilidades concretas de recuperación.
Las enormes estructuras de chapa y ladrillo, que décadas atrás albergaban talleres, cargas y actividad ferroviaria permanente, aparecen ahora abandonadas, vandalizadas y consumidas lentamente por el deterioro.
Detrás de esa imagen también asoma una pregunta que cada tanto vuelve a instalarse en la comunidad: ¿cómo puede ser que semejantes espacios sigan inutilizados mientras faltan lugares para la cultura, el deporte, el turismo o la vida social?
A lo largo de los últimos años hubo distintos intentos para recuperar parte de ese patrimonio ferroviario.
Durante la gestión del exintendente Mariano Barroso se impulsó la idea de desarrollar un centro cultural en uno de esos sectores, buscando transformar un espacio olvidado en un punto de encuentro para artistas y actividades comunitarias.
Más recientemente, la actual administración encabezada por María José Gentile proyectó avanzar con un Museo del Automovilismo, una propuesta ligada a la fuerte identidad fierrera de la ciudad.
Sin embargo, ninguno de esos proyectos logró prosperar. Las trabas administrativas, la dependencia de organismos nacionales y la falta de definiciones sobre la titularidad y cesión de los inmuebles aparecen como parte central del problema.
Pero también, según coinciden distintos sectores locales, hubo una falta de insistencia política sostenida para destrabar definitivamente la situación y convertir esos anuncios en realidades concretas.
El caso más emblemático probablemente sea el de La Trocha, un sector profundamente ligado a la memoria colectiva nuevejuliense y que hoy refleja con crudeza el abandono de parte del patrimonio ferroviario.
Allí conviven estructuras deterioradas, sectores usurpados y construcciones que alguna vez fueron parte esencial del entramado social y productivo de la ciudad. Para muchos vecinos, el deterioro de esos espacios no representa solamente una pérdida arquitectónica, sino también una herida sobre la identidad misma de la comunidad.
La situación se replica además en otras estaciones y dependencias ferroviarias de la región, algunas prácticamente olvidadas y otras ocupadas informalmente desde hace años.
Techos caídos, ventanas rotas, paredes vandalizadas y malezas avanzando sobre antiguas plataformas forman parte de una postal que se repite demasiado seguido en pueblos donde el tren alguna vez fue motor de vida.
Mientras tanto, el tiempo sigue pasando sobre construcciones que podrían tener múltiples usos culturales, turísticos, educativos o recreativos. Espacios enormes, con valor histórico y simbólico, que continúan atrapados entre expedientes, abandono y promesas que nunca terminan de arrancar.
Qquizá lo más doloroso no sea solamente ver caer viejos galpones. Sino asistir, lentamente, a la pérdida de un patrimonio cultural e histórico invaluable que ayudó a construir la identidad de Nueve de Julio y de toda una generación marcada por el sonido del tren, el movimiento de los talleres y la vida alrededor de las estaciones.LaTrochaDigital.com

Desgraciadamente todo el patrimonio ferroviario está en peligro, pasa que no es fácil hacer trámites para poder tener y proteger el patrimonio ferroviario . Cuesta mucho hacer trámites en trenes argentinos y a veces no hay respuesta. Nuestro Ferroclub para llegar a tener a resguardo el predio donde funciona el FerroclubCDU y el museo estuvimos 3 años de trámites , al fin lo obtuvimos. Parece que prefieren que pasen estás cosas que las instalaciones queden a merced de cualquiera y así terminan
ResponderEliminarNuchito Fer