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1 de diciembre de 2014

¿Cuánto cuesta borrar la pintada de un tren?

Informe

* El grafitero Kirax muestra cómo aplicar el producto químico que limpia cualquier spray

* Renfe y Metro dedican al año partidas presupuestarias millonarias para quitar los 'tags'

Sólo hacen falta un cepillo, un pulverizador, agua y cierto producto químico que se puede adquirir en contadísimos establecimientos en toda España. "La gaseosa", como lo llama socarronamente Kirax. El grafitero más buscado de la capital sopesa los cinco litros de Marstrip-R adquiridos minutos antes, remira la etiqueta en busca de su composición -no se especifica- y garantiza que con una garrafa que cuesta 45 euros y un par de accesorios de cualquier bazar se puede limpiar la superficie equivalente a medio vagón de tren (4 x 1,5 metros).



EL MUNDO se traslada a Torrejón de Ardoz y al distrito de Villaverde para documentar de principio a fin el proceso de borrado de una pintada de las tantas realizadas en los convoyes de Renfe o Metro de Madrid. Unas intervenciones, las de los denominados 'treneros', a las que ambas entidades públicas hacen frente cada año con importantes asignaciones presupuestarias: 9,5 millones la sociedad adscrita al Ministerio de Fomento y un millón en el caso de la empresa integrada en el Consorcio Regional de Transportes, según la consulta de este diario.


"Ahora mismo no disponemos de esos datos porque no hay una partida destinada a la limpieza de grafitis, sino que se incluyen en los contratos de limpieza que Metro tiene suscritos con varias empresas", es la respuesta desde la red de suburbano cuando se solicita un desglose que incluya el número de vehículos afectados, entre otros datos. "No podríamos detallar los costes medios de cada actuación. Además, depende mucho de la gravedad de la vandalización", alega Metro.


Desde hace años, los escritores de grafiti sospechan que detrás de esas macrocifras hay no sólo un intento de criminalización, sino también una incitación a que desde instancias judiciales se incrementen las sanciones económicas para aquellos que atentan contra la propiedad aerosol en mano -al propio Kirax se le imputan daños por casi 270.000 euros- e, incluso, advierten, un ánimo defraudador a las compañías aseguradoras. En concreto, los que estampan su firma al aire libre denuncian facturas con más mano de obra de la empleada realmente, un gasto excesivo de Marstrip-R y ficticias tareas de lijado y repintado.

"En realidad están encantados de que les pinten los trenes, les interesa. Van de víctimas, dicen 'qué hijos de p...' los grafiteros, pero van trincando. Los mismos trenes se llevan pintando en los mismos sitios desde hace 25 años. Si de verdad quisieran evitarlo, pondrían más vigilancia", da su versión el autor de más de 700 piezas en las vías desde que empezó en 2002, al que la policía considera el líder del colectivo Original Writers.

Kirax explica las características de un líquido anaranjado que se puede manipular sin demasiado riesgo, aunque se recomienda el uso de mascarilla, gafas y guantes de látex. "Lo echas sobre la pintada y se cae sola", asegura al tiempo que especifica que el producto no afecta al material base, dada la diferencia entre pintura al agua (la que recubre la carrocería de trenes, autobuses o coches) y pintura disolvente (bote de spray).

También conviene tener en cuenta varios detalles con respecto al tiempo y modo de aplicación del antigrafiti. "Hay que dejarlo actuar, pero en 10 minutos la pintada prácticamente se ha ido al suelo. Eso sí, es más eficaz cuanto más reciente sea", aclara quien por un día pasa voluntariamente al otro lado, el de los operarios de limpieza, en el que no aceptaría integrarse ni siquiera en el caso de que se le permitiese conmutar una hipotética condena: "Preferiría hacer trabajos sociales o pintar guarderías de niños".

De camino a la estación de Cercanías de San Cristóbal de los Ángeles, donde ha localizado uno de sus coloridos 'tags', Kirax se detiene en varios 'todo a cien' para recoger un par de pulverizadores (0,95 euros cada uno), un cepillo de cerdas un poco más pequeño que el que usan los barrenderos (2,50 euros con el palo) y un garrafón de agua (2 euros). Una infraestructura mínima en comparación con la que requiere la limpieza con aire a presión, por ejemplo.

Ya sobre el terreno aparece un imprevisto: el tren en cuestión ha sido conducido a cocheras. La demostración se traslada a un parque de los alrededores. Kirax se afana en eliminar en una puerta metalizada una 'D' mayúscula color plata de la que en un instante no queda rastro. "¿A que nunca has visto un autobús de la EMT con grafitis? Pero la gente no se pregunta por qué", cuestiona de nuevo la, a su juicio, interesada promoción de las pintadas ferroviarias. Y concluye: "Nunca voy a dejar de pintar trenes. Es peor que una droga. Cuando pintas un tren quieres pintar otro, y otro, y otro. Y si te gustan los modelos quieres 'tenerlos' todos y todas las líneas".ElMundo.com