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2 de enero de 2023

El misterio del micro que cruzó con las barreras bajas y provocó una catástrofe en Dolores hace 15 años

Accidentes Ferroviarios

En marzo de 2008, la tranquilidad de la noche se vio interrumpida por el dolor: un accidente impensado accidente dejó 18 muertos

Basta hacer un breve repaso para comprobar que la época de las vacaciones estivales también ha deparado noticias alejadas de lo festivo del descanso. No son pocas las tragedias viales y ferroviarias que se sucedieron a lo largo de los años en las rutas de acceso a las ciudades turísticas.

De hecho, los medios de transporte han sido, en más de una oportunidad, protagonistas de situaciones luctuosas provocadas por infinidad de causas que van desde el deterioro del material rodante o la sobrecarga horaria de los choferes profesionales, hasta la falta de prudencia de los turistas al volante.

El 9 de marzo del 2008, un micro de la empresa El Rápido Argentino chocó con un tren de la compañía estatal Ferrobaires a la altura de la ciudad de Dolores, al este de la provincia de Buenos Aires: dejó casi veinte muertos y más de medio centenar de heridos. Aquel suceso, por demás impactante, quedó grabado en la memoria colectiva como una de las catástrofes más impresionantes de la historia vial y ferroviaria del país. Se la conoció como la “Tragedia de Dolores” que, hace casi veinticinco años, se pudo haber evitado.

La paz de marzo

Ya había pasado el pico turístico de enero y el movimiento intenso por los carnavales. Marzo siempre fue el tiempo elegido para el descaso por los adultos mayores y por aquellas personas sin compromisos escolares, mes de rutas sosegadas y de viajes más espaciados sin coches adicionales de las compañías de ómnibus que buscan satisfacer la alta demanda de enero y febrero con un notable incremento de sus servicios.

La madrugada apacible de aquel 9 de marzo no hacía prever la catástrofe. No había demasiado tránsito sobre la Ruta Provincial 63, que une la Ruta Provincial 2 con la Ruta 11 en el paraje Esquina de Crotto, camino que vincula con el Partido de la Costa y con las playas de Pinamar y Villa Gesell.

En Dolores, acariciando a la Ruta 63, a unos dos kilómetros de la Autovía 2, un puñado de parrillas, puesto de ventas de artesanías, frutas y embutidos le dan color a ese sector que suele ser una posta de descanso. Durante la madrugada, alguna guardia y unas pocas humaredas de la carne al carbón aguardan por los trasnochados. Impredeciblemente, en segundos, esa paz fue trocada por estruendos, gritos, desesperación.

Inexplicable

Como un reloj, el servicio 335 de la operadora estatal Ferrobaires, que circulaba por las vías de la Línea Roca desde la estación Plaza Constitución hacia Mar del Plata, interrumpía con su pitido el sonido de la noche de grillos y luciérnagas. Después de las dos de la madrugada siempre pasaba, cortando el sueño del caserío dolorense, creando una atmósfera que bien podría ser de un relato de Edgar Allan Poe.

Aquella noche del 9 de marzo de 2008, el tren de Ferrobaires, después de detenerse unos minutos en la estación Sevigné, paralela a la Ruta 2, aceleró para sortear los 17 kilómetros que le restaban para llegar a la ciudad de Dolores.

Cerca de ese horario, también un servicio de El Rápido Argentino, proveniente de Mar de Ajó, surcaba la Ruta 63 en busca de la Autovía 2 para llegar a San Miguel, su destino final en el conurbano bonaerense, enclave al que nunca llegó.

Faltando poco menos que mil metros para el cruce, las barreras en la intersección con la Ruta 63 bajaron, comenzó a sonar una campanilla y se encendió la alerta de luces rojas titilantes. A esa altura, sólo una vía conducía a los trenes que circulaban en ambas direcciones, debiendo esperar las formaciones en las estaciones para poder dar paso al tren que llegaba de vía contraria. Un obsoleto mecanismo aún vigente.

Si bien aquella noche fatal las barreras bajaron, lo cierto es que no llegaban a cubrir todo el ancho de los carriles de la ruta, así que, dado que quedaba un espacio libre, algunos imprudentes no dudaban en cruzar en zigzag sacándole peligrosamente ventaja al tren. Un error de cálculo, en estas circunstancias, siempre es fatal. Lo fue.

Mientras el tren se iba acercando al cruce, el maquinista, que estaba acompañado por un ayudante, accionaba con intensidad la bocina alertando sobre el inminente paso, mientras iba reduciendo la velocidad dada la proximidad con la estación de Dolores, posterior al paso a nivel carretero.

Ya con la ruta encima, el maquinista vio como un vehículo de El Rápido Argentino comenzaba a cruzar la vía. Nada pudo hacer: un tren sólo puede frenar con un margen de distancia. La trompa del micro pasó, pero la mitad posterior fue embestida por la locomotora.

Saldo fatal

Producto del impacto, el tren descarriló. La locomotora fue a parar a un zanjón y los dos primeros vagones se ubicaron cruzados como un acordeón. La parte de atrás del ómnibus quedó destrozada. Cuando amaneció, impactaba ver la carrocería del interno 58 de El Rápido Argentino mutilada.

Dicen que algunos pocos pasajeros que esperaban el tren en Dolores, para continuar viaje hacia Mar del Plata, luego de escuchar a lo lejos el bocinazo del tren, percibieron un estruendo y vieron una llamarada entre el follaje de los árboles como si se tratase de fuegos artificiales, sin saber que se trataba de uno de los más grandes accidentes ferroviarios de nuestro país.

Producto del impacto, personas y objetos volaron por los aires. En las copas de los árboles lindantes aparecieron algunas ropas de los pasajeros del micro. El tren, conducido por la locomotora 9087, llevaba cerca de 300 pasajeros, mientras que el ómnibus había cargado a 68 personas, incluidos varios niños. Dada la hora del choque, casi todos dormían, aún faltaban alrededor de tres horas para que el tren y el micro llegaran a sus destinos.

Los pasajeros del ferrocarril fueron los menos afectados y los heridos registrados en la formación corresponden a quienes ocupaban asientos en los primeros vagones. Incluso los maquinistas, a pesar del impacto y el descarrilamiento, sufrieron heridas leves.

En el ómnibus, en cambio, varias personas perdieron la vida al instante y otros en camino o dentro de los hospitales y clínicas más cercanos, como el Hospital Municipal de Dolores. Los casos más graves fueron derivados en helicópteros sanitarios o ambulancias a nosocomios de mayor complejidad de La Plata y Mar del Plata. El saldo final fue de 17 muertos, entre ellos una nena de dos años, y casi setenta heridos.

Los minutos posteriores al impacto fueron una película de terror. Pasajeros corriendo a la deriva, cuerpos ensangrentados, gente que buscaba a sus familiares sin suerte. “Iba al lado mío, pero salió despedido por el aire”, decía llorando desconsoladamente una mujer a la que hubo que impedirle que se metiera a hurgar entre los hierros retorcidos.

Asientos desparramados sembraban las banquinas junto con objetos de los más variados. Sombrillas y cajas de alfajores, libros, auriculares. Zapatos y ropa hecha trizas. Y cuerpos sin vida.

Los vecinos de Dolores rápidamente comenzaron a escuchar los movimientos. Sirenas inusuales por la hora alertaron a todos. La gente quería ayudar y ofrecía hasta las habitaciones de sus casas para albergar a los que no sabían qué hacer ni a dónde ir. Aquel hombre preguntando por su esposa sólo obtuvo silencio.

Hipótesis

¿Por qué el chofer cruzó las vías con las barreras bajas? Las teorías fueron varias. Es cierto que se podría haber quedado dormido o bien intentado sacarle partido a su habilidad al volante, pero errando en el cálculo y equivocando la distancia en la que se encontraba el tren, realmente muy cerca de la ruta.

Como sucede en estos casos, también se generaron conjeturas. Alguien dijo que el micro había salido retrasado de Mar de Ajó y que por esa razón el chofer buscaba ganar el tiempo perdido marchando a una velocidad desmedida y hasta cruzando las vías con las barreras bajas para no tener que esperar el paso del tren. También se dijo que no habrían sido pocos los pasajeros que le solicitaron que viajara más despacio.

Otra de las razones argumentadas fue que el chofer, haciendo caso omiso a las señales lumínicas de la barrera y cruzando con las barreras bajas, además iría escuchando música, razón por la cual no habría escuchado los pitidos del tren.

Prontamente, se hizo presente en el lugar el entonces gobernador Daniel Scioli, quien calificó el accionar del chofer del micro como “una imprudencia inconcebible”. Luego de visitar a los heridos decretó un día de duelo en el territorio provincial.

Aquella temporada del 2008 que estaba finalizando había contado con una muy buena densidad turística y mucho público en destinos como Mar del Plata, donde Carlos Calvo y Pablo Rago protagonizaban la exitosa comedia Extraña Pareja y Ricardo Darín, Germán Palacios y José Luis Mazza brillaban en la obra ART. Ciudades como Mar de Ajó, de donde provenía el micro de El Rápido Argentino, se habían consolidado como un destino familiar y en contacto estrecho con la naturaleza. Aquel marzo fatídico, los turistas que iban y venían aprovechaban que había menos gente en las playas, el tiempo acompañaba y se podía gozar de esas ofertas que buscan rematar los últimos soles tibios del mar argentino.

Nunca quedó del todo claro por qué el ómnibus atravesó las vías, no atendiendo a las barreras bajas y con el tren circulando a pocos metros de distancia. Las penas para los responsables fueron leves, pero el dolor de decenas de familias persiste aún hoy. Como suele suceder con las tragedias. Aún más con aquellas que se pueden evitar. Por: Pablo Mascareño para el diario LaNación.com