miércoles, 3 de julio de 2019

El subte de la muerte

Actualidad

La crisis del asbesto en el Subte estalló en febrero del año pasado, al conocerse que los trenes CAF 5000 adquiridos de segunda mano al Metro de Madrid tenían piezas con asbesto. Un año después, las autoridades reconocieron la presencia de 28 piezas con este material en los trenes Mitsubishi de la línea B. La presencia del tóxico en coches e instalaciones de la red despertó la preocupación de los consorcios que compiten por la nueva concesión de la red, advirtieron a AIM desde el área de prensa del Sindicato.

Desde la Asociación gremial de trabajadores del Subterráneo y Premetro (Agtsyp), recordaron a AIM que, un año después de la denuncia del sindicato, las autoridades reconocieron la presencia de 28 piezas con asbesto en los trenes Mitsubishi de la línea B.

Según el anuncio, reemplazarán todos los componentes contaminados, algunos de los cuales ya están en proceso de compra, y continuarán con las inspecciones de salud. Los trabajadores fueron declarados oficialmente como “expuestos al asbesto”.


La admisión oficial llega más de un año después de que la Asociación Gremial denunciara la presencia de este peligroso material en las formaciones japonesas..

De acuerdo con un documento de la comisión mixta de asbesto al que tuvo acceso este medio, las autoridades reconocieron que de 56 muestras analizadas de los trenes Mitsubishi hay 28 piezas que contienen ese material cancerígeno. Entre ellas se cuentan los apagachispas, aisladores de resistencias, estufas de cabina, contactores, resistencias, fusileras, patines colectores y ventiladores, entre otros.

Los estudios estuvieron a cargo de la empresa CIH Soluciones Ambientales, que tomaron las muestras durante mayo pasado en presencia de representantes sindicales, Sbase, Metrovías y el Estado.

La prioridad, según el mismo documento al que tuvo acceso AIM, es el recambio de esos componentes por otros que no contengan asbesto. Algunos de ellos, como los apagachispas y las fusileras ya están en proceso de compra, mientras que otros requieren un proceso de ingeniería para diseñar y encontrar un reemplazo. Hasta que la sustitución de piezas no tenga lugar, “los trabajos se realizarán cumpliendo estrictamente el procedimiento de seguridad”.

Esto último fue rechazado por el Sindicato, cuya secretaría de Salud Laboral exigió “el inmediato retiro de las estufas de cabina” y reclamó que se elabore “un protocolo de desamiantación” que “contemple la prohibición de hacer cualquier tipo de trabajo sobre piezas confirmadas o sospechadas de contener asbesto”.

Respecto de la salud de los trabajadores, fueron realizados estudios a 175 trabajadores de los talleres Rancagua y Villa Urquiza (91 por ciento), de los cuales ya se tienen los resultados de 107 de éstos, 89 no han arrojado ningún resultado, pero en 18 casos se han recomendado evaluaciones complementarias.

Los estudios consisten en consulta médica, radiografías de tórax y espirometrías, complementadas con tomografías computadas cuando el criterio médico así lo aconseje. Desde la Asociación, afirmaron a AIM que bregarán para que también sean sometidos a estudios los conductores, guardas y maniobristas.

También se realizaron estudios de calidad del aire en ambos talleres. El informe oficial destacó que “en todos los casos los resultados resultaron muy inferiores a los máximos admitidos por la legislación vigente”. Fuente: AIM.com

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